Foto: Anymarie

La lucha por la vivienda es una lucha de las mujeres y potentemente feminista

¿Te has puesto a pensar que la lucha por la vivienda es una disputa feminista?  Andrea Rincón Acevedo nos entrega una serie de reflexiones en torno al papel del cuidado que ejercen las mujeres y cómo la defensa de la vivienda compone una parte fundamental de las luchas de estas por mejores condiciones de vida.

Mi madre, madre soltera, mujer de extracción campesina compró hace más de treinta años un lote en Bosa y al morir me heredó una casa por la que se endeudó y trabajó toda su vida. Me decía siempre que lo más importante para una era tener un techo propio “donde meter la cabeza”.

Me decía: “A usted y a su hermano les voy a dejar esta casa y espero que cuando yo me muera no se vayan a pelear por estos ladrillos; así nunca nadie tendrá por qué humillarlos, ni tendrán que pasar por lo que he pasado yo, porque para eso tienen su casa”. Mi mamá nunca se dijo feminista, pero las cosas que aprendí de ella se convirtieron en las razones y convicciones más fuertes para asumirme como tal.

Históricamente las mujeres hemos tenido más dificultades para acceder a una vivienda digna y adecuada. En una sociedad en la que las políticas de vivienda son instrumentos de las burbujas inflacionarias y la especulación financiera; y en la que las mujeres nos insertamos en desventaja en el mercado laboral, el resultado es que tenemos menos ingresos, menor acceso al crédito, y menos capacidad de ahorro.

Según DataCrédito – Experian (2021), para 2020 las mujeres continuaban accediendo a un 5% menos de créditos hipotecarios que los hombres y solo el 13% de las mujeres de nuestro país han podido acceder a créditos formales para comprar vivienda según la Corporación Financiera Internacional (Baker, 2021).

Sin embargo, no ser las propietarias no nos ha eximido de ser las responsables del cuidado y las mejoras de nuestras viviendas puertas adentro. Ser las encargadas de los trabajos del cuidado nos implica asumir todas las tareas de cuidado y defensa de los hogares y la casa; pues casi siempre somos las encargadas de las largas filas y trámites ante el estado, las cajas de compensación y los bancos para el acceso a subsidios y mejoras, los varones no “tienen tiempo” para asumir estas tareas.

Somos además las primeras en organizarnos para luchar por la vivienda y para defender nuestras casas porque son el espacio donde se desarrolla y protegemos la vida, las familias. La casa es para muchas de nosotras la experiencia vital, el lugar de trabajo, de descanso, de reflexión, de alegría, de las tareas cotidianas, de todo.

Entonces, la lucha por la vivienda se convierte para nosotras en una batalla que pone al centro la necesidad más básica e íntima de todas las personas de tener un techo para vivir, uno de los soportes más básicos de la existencia y reproducción de la humanidad. Porque, así como hemos estudiado y valorado a la fábrica como centro de la producción, la casa es el centro de la reproducción de la vida misma, lo que convierte la lucha por la vivienda en una lucha potentemente feminista, en una lucha por proteger y cuidar la vida.

Es así que a pesar que las luchas por la supervivencia y la reproducción de las condiciones materiales de existencia han sido relegadas por el entronque capitalismo/patriarcado al campo privado o no-político de la vida; la lucha feminista ha puesto a disputar en la arena política, con nuestros cuerpos y rostros en cada desalojo y agresión del estado, los derechos a la vivienda, al hábitat, a los servicios públicos, a la ciudad.

Muchas de nosotras lo habremos vivido en nuestros barrios. El “sueño de la casa propia” ha sido el sueño de nuestras abuelas, madres y el nuestro propio; y ante una amenaza de desalojo, ante las alzas en los servicios públicos, ante la necesidad de mejorar o arreglar algo en nuestras comunidades son las mujeres las primeras en organizarse.

Hemos sido la base de nuestras comunidades y de estas luchas; y no lo reconocemos así porque queramos idealizar o normalizar nuestra permanencia en los espacios domésticos, sino porque el feminismo también nos ha invitado a reivindicar críticamente el aporte que hacemos a la sociedad.

En esta lucha nos hermanamos con nuestras compañeras campesinas, pues la lucha por la vivienda en la ciudad es la experiencia que traemos de la lucha por la tierra en el campo, de nuestras madres, nuestras abuelas. Esta lucha es una experiencia central en el feminismo, es una de sus principales consignas: cuando decimos lo personal es político, las campesinas que luchan por la tierra y las mujeres de las ciudades luchando por vivienda digna, estamos sacando los asuntos más íntimos, nuestras más básicas preocupaciones y necesidades a la discusión pública y a la lucha política.

Pongamos pues hoy al centro de la política nacional nuestras discusiones. En un momento en el que el país busca superar un ciclo interminable de exclusiones y violencias, en el que algunas tenemos esperanzas en la propuesta del Pacto Histórico y la política alternativa, en el que con más esperanza aún vemos las calles llenas de un pueblo decidido a movilizarse por sus derechos; este es el momento para que la atención esté en la política que hacemos las mujeres, las que hemos organizado históricamente a nuestras comunidades para luchar.

¿Quiénes más para entender la necesidad de regular y poner topes a los costos de los arriendos, si no nosotras, que tenemos que hacer alcanzar la plata para pagar arriendo y medio-comer?

¿Quiénes más para decirles al Estado y al mercado inmobiliario que no pueden seguir especulando con el derecho a poner un techo sobre nuestra cabeza y la de nuestras familias?

¿Quiénes más para exigir que se prohíban los desalojos forzosos, cuando somos nosotras quienes plantamos el cuerpo en cada uno de ellos para defender a nuestras hijas e hijos?

Estoy segura, como lo estaba mi mamá, que la base de la dignidad es tener un techo donde meter la cabeza, un techo digno, y de ello sí que sabemos las mujeres.

 

Referencias

Indicadores de Crédito en Colombia – El acceso de la mujer al crédito en el año 2020. (2021). https://www.datacreditoempresas.com.co/. Obtenido de https://www.datacreditoempresas.com.co/blog-datacredito-empresas/indicadores-de-credito-en-colombia-el-acceso-de-la-mujer-al-credito-en-el-ano-2020/

Baker, G. (2021). El sueño de poseer una vivienda aún estáfuera del alcance de muchas mujereslatinoamericanas. Obtenido de americaeconomia.com: https://www.americaeconomia.com/analisis-opinion/el-sueno-de-poseer-una-vivienda-aun-esta-fuera-del-alcance-de-muchas-mujeres

 

Quién

Andrea Rincón Acevedo
Andrea Rincón Acevedo
Licenciada en Ciencias Sociales e integrante del equipo de coordinación nacional de Ciudad en Movimiento.

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