Las flores de Mao: El peligroso relativismo de Darío Acevedo

De Darío Acevedo Carmona, el actual director del Centro Nacional de Memoria Histórica, se han dicho cosas preocupantes en los últimos meses, casi todas tristemente ciertas. No obstante, pocas veces hemos reflexionado rigurosamente acerca de la postura historiográfica que, paso a paso, vienen imponiendo Acevedo y el ala más conservadora de la política nacional. 

“Permitir que 100 flores florezcan y que cien escuelas de pensamiento compitan es la política de promover el progreso en las artes y de las ciencias y de una cultura socialista floreciente en nuestra tierra”.
Mao Zedong

Desde antes de su posesión como nuevo director del Centro Nacional de Memoria Histórica, a Darío Acevedo se le hicieron críticas. Numerosas organizaciones de víctimas temieron que sus voces no fuesen a ser escuchadas en la nueva administración.[1] También desde la academia se generaron cuestionamientos a la postura negacioncita que Acevedo ostentaba.[2] Con el tiempo ambos miedos han acrecentado, pues durante el primer año de su gestión se presentaron una serie de censuras a los guiones museográficos de las presentaciones piloto del Museo de la Memoria establecidas por la administración pasada.[3] Esto llevó a que se le citara el 5 de noviembre de 2019 a un Debate de Control Político en el Congreso de la República y luego, en medio de la coyuntura del Paro Nacional, se realizara un plantón artístico el 11 de diciembre exigiendo su renuncia.

A pesar de las numerosas y acertadas críticas que se le han hecho a Acevedo, se ha evitado un elemento central: el de su postura académica dentro de la disciplina histórica. Esto precisamente es lo que incumbe en este texto. Me gustaría presentar y problematizar las perspectivas teóricas que alimentan la postura historiográfica de Acevedo, pues creo que allí se encuentra la base de una tendencia nacional que el sector más conservador de la política colombiana ha usado para la comprensión (y distorsión) del pasado.

¿Solo “negacionista”?

En medio de su intervención en el debate de control político, Diario Acevedo sugirió, parafraseando a Mao Zedong, que durante su estancia en el CNMH esperaba que florecieran cien escuelas sobre el estudio de Colombia. Oportunamente el llamado a la Campaña de las Flores es un perfecto ejemplo del peligro que representa la postura intelectual de Acevedo para la disciplina histórica en Colombia.

Primero, es importante hacer unas cuantas aclaraciones. La historia se ocupa de estudiar dos elementos: qué pasó y cómo se ha contado lo que pasó. En este sentido, los y las historiadoras se mueven entre la búsqueda de la verdad y las interpretaciones que sobre esta se pueden generar. Y aunque esta tarea parezca imposible, es el método histórico el que se asegura de que nuestra comprensión del pasado no deje de lado ninguno de estos dos focos. Esto quiere decir que, a través de un método riguroso (el análisis de fuentes), se puede constatar, apoyar o refutar alguna interpretación sobre el pasado. Por lo tanto, para la historia es importantísima la discusión académica, pues es allí donde se construyen o se refutan hipótesis.

La alusión a las cien flores esconde una idea que Acevedo ha manifestado más de una vez: el derecho a la libre expresión. Según él, este es el pilar fundamental para la democracia, que un gran sector de los y las historiadoras colombianas rechazamos. Esta alusión a la libre expresión se traduce en, como dijo la senadora Paola Holguín durante el debate, el derecho a tener opinión sobre si existió o no existió conflicto armado en Colombia. Acá encontramos la base de la perspectiva de Acevedo. Para él la disciplina histórica se traduce en escuelas de opiniones. No hay diálogo de interpretaciones, no hay discusiones. Unos tienen una opinión, otros tienen una distinta. No hay un aparente propósito para el florecimiento.

Aunque se ha popularizado el adjetivo de “negacionista” para caracterizar la postura de Acevedo, considero que puede haber otra manera mucho más clara de caracterizar su postura. Especialmente debido a que él reconoce que existió violencia política durante los últimos cincuenta años de historia de Colombia, aunque cuestione los números propuestos por investigaciones anteriores. Una expresión más apropiada para designar su postura es la del relativismo: A diferencia de los negacionistas, Acevedo no busca la verdad oculta, aunque los delirios de conspiración están presentes en su discurso. Lo que Acevedo propone es la imposibilidad de acceder la verdad. Su cuestionamiento no solo se limita a lo que sucedió, también incluye la posibilidad misma de saber lo que pasó. Ese es su caballo de batalla al aferrarse a la idea de libre expresión.

Y esto es producto de un férreo anti-comunismo.

La política del relativismo

Al iniciar su intervención en el debate de moción de censura, Acevedo sentenció que como historiador considera que los grandes cambios en la historia de la humanidad se han dado en el campo ideológico y no material. Esta afirmación esconde una postura política que se ha consolidado en el mundo de las y los historiadores desde hace más de cuarenta años. La frase es un eco del revisionismo que se dio en la década de los ochenta del siglo pasado en medio del bicentenario de la Revolución Francesa. En ese entonces el historiador Francois Furet sentenció que “lejos de constituir una ruptura, la Revolución solo puede ser comprendida en y gracias a la continuidad histórica.”[4] Tal postura encontraba su origen en un sentimiento anti-comunista que rechazaba las interpretaciones materialistas del proceso revolucionario, específicamente la idea de la revolución burguesa. Toda esta crítica tenía como contra-punto la crítica a los sistemas totalitarios del siglo XX.

Esta postura anti-materialista ha encontrado eco en las interpretaciones del Conflicto Armado Colombiano, negándose a abandonar una mentalidad propia de la Guerra Fría. Lo vimos en la vergonzosa censura que Eduardo Pizarro realizó a los aportes de Renán Vega en una de las relatorías de la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas que presentó un informe a la mesa de negociación de la Habana en 2015/2016. Pizarro buscaba imponer la idea de que el origen del conflicto se encontraba en el surgimiento de las guerrillas, negando la responsabilidad del estado y las causas económicas del conflicto.[5] De la misma manera, un sector reaccionario en Colombia ha empezado a construir un relato conspiraciones del “comunismo internacional” que niegan no solo las estructuras de desigualdad tanto económicas como políticas que muchos historiadores consideran que han caracterizado la historia del siglo XX en Colombia, sino también la complejidad de los problemas sociales.

El problema acá, a diferencia de lo que dice Acevedo, no es que se propongan hipótesis sobre la historia colombiana. Lo que resulta tan preocupante es que estas posturas se niegan a entrar en el dialogo académico donde a través de la revisión metodológica se pueda aceptar, complementar o refutar. En la historia, como en muchas otras disciplinas, no basta con enunciar una hipótesis. Pero la férrea postura política que empuja a estas perspectivas ha llevado a negar el diálogo, inventando conspiraciones, y los ha empujado al relativismo. La conclusión: ¡Si mi postura no es verdad, entonces ninguna postura es verdad!

Para minimizar esta idea Acevedo asegura que será Colciencias el árbitro de esta discusión. Pero esta institución no permite establecer diálogos académicos, especialmente en el campo de las Ciencias Sociales, en donde se parte de la desconfianza con las investigaciones sociales como quedó demostrado en las numerosas críticas que le llegaron a la institución en 2015.[6] De esta manera la búsqueda del conocimiento se restringe a instituciones precarias, negando cualquier posibilidad de diálogo académico.

¿Qué hacer?

Es importante aclarar que una de las ideas iniciales de la campaña de Mao era la de la competencia entre las escuelas y acá los y las historiadoras profesionales hemos fallado.  Al rehusarnos a dialogar con posturas por considerarlas ridículas o inferiores, hemos permitido que surja un nicho académico en donde han podido florecer. Esto es un llamado de atención: en la academia no debemos temerle al diálogo y tampoco debemos tenerle miedo a la crítica. No todo vale.

Acevedo no está interesado en a la construcción de un cúmulo de conocimiento sobre la historia de Colombia que nos permita transformar nuestra realidad. De hecho, aunque esta fórmula hace parte de la tradición más clásica de historiadores franceses encabezada por Marc Bloch y su famosa frase “conocer el pasado, para actuar sobre el presente y crear un mejor futuro”, la paranoia anti-comunista del exmarxista le ha llevado a ver en esta fórmula una conspiración leninista. Otra perla del debate de control político fue cuando reveló para el asombro de nadie que los conspiradores hacen una “lectura de la realidad” para luego “actuar sobre ella”. Este, que es el trabajo de todo científico social, a Acevedo no le agrada. Para él, el conocimiento histórico es el cumulo de datos fríos e inconexos. Para él, la historia no sirve para transformar el presente.

La creciente preocupación por la interpretación del pasado es gratamente sorprendente. Sin embargo, no podemos engañarnos al pensar que posturas como las de Acevedo son inofensivas. Los y las trabajadoras del pasado debemos responder ante el peligro del relativismo con contundencia. La posibilidad de construir conocimiento no se puede negar. Esto es sintomático del contexto “post-verdad” en el que vivimos, donde la opinión más ruidosa se sobrepone al diálogo. Debemos presionar por una independencia del proceso cognitivo a la política partidista. La academia y la historia deben ser políticas, pero no electorales. Si van a florecer cien escuelas que sea a través de un diálogo serio, democrático pero riguroso. No dejemos que la historia se repita, pero esta vez como una farsa.

Referencias

[1] “Victimas retiran archivos del centro de memoria por nuevo director” El Tiempo, 21 de febrero de 2019. En línea: https://www.eltiempo.com/justicia/conflicto-y-narcotrafico/victimas-retiran-archivos-del-centro-de-memoria-por-nombramiento-de-dario-acevedo-329538

[2] “Carta Abierta de los Profesores del Departamento de Historia de la Universidad Nacional de Colombia (Bogotá) a Darío Acevedo” 26 de febrero de 2019. En línea: https://www.eltiempo.com/uploads/files/2019/02/28/B.DHCH%20031-19%20DARIO%20ACEVEDO%20-%20CNMH%20-2-.pdf

[3] “Censura en el Centro Nacional de Memoria Histórica” Arcadia, 29 de octubre de 2019. En línea: https://www.revistaarcadia.com/periodismo-cultural—revista-arcadia/articulo/censura-en-el-centro-nacional-de-memoria-historica/78705

[4] Citado en Medina, Medófilo. “El Bicentenario: consideraciones en torno al paradigma de Francois Xavier-Guerra sobre las ‘revoluciones hispánicas’ “Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura 37, No. 1. 2010. P.160. En este artículo se discute como esta idea anti-materialista también influyó la intepretacion que hacemos de los procesos independentistas de las Américas.

[5] Vega, Renán. “Así no señor Eduardo Pizarro. A propósito de democracia y pluralismo” Rebelión, 2 de marzo de 2015. En línea: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=195986

[6] “Colciencias y los humanistas, en orillas diferentes” El Espectador, 22 de febrero de 2015. En línea: https://www.elespectador.com/noticias/nacional/colciencias-y-los-humanistas-orillas-diferentes-articulo-545541

Quién

Felipe Caro Romero
Felipe Caro Romero
Historiador de la Universidad Nacional de Colombia y Miembro del semillero "Historias Para Lo Que Viene". Estudia movimientos sociales y diversidad sexual.

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