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Niñas, niños y adolescentes, sin patria ni milagro

La campaña presidencial de Abelardo de la Espriella asumió la protección de la niñez y la familia como uno de los puntos más importantes de su propuesta política. Sin embargo, los primeros quince días de su gobierno demuestran que las niñas, niños y adolescentes, particularmente de clase popular, le importan poco. A continuación, cuatro puntos clave a cargo de Raquel Cano Cardona.

Durante la pugna por la presidencia de Colombia, la campaña del candidato de la ultraderecha, a través de una operación mediática altamente efectiva, logró instalar en gran parte de la población sentimientos profundos de indignación frente a cuestiones como la cifra de 18.677 niñxs reclutadxs por las FARC-EP,  la “ideología de género” y el aborto. Todo esto bajo el discurso del derecho a la vida y la sacralidad de la niñez: «Con los niños no se metan», repetían una y otra vez De la Espriella y sus votantes. 

Sin embargo, las primeras acciones de este gobierno han demostrado que la defensa de la niñez y la familia que tanto exaltan estos sectores conservadores es retórica pura: una fugaz artimaña para conseguir votos en épocas electorales. El discurso sobre la niñez que este bando político exalta la desconoce como sujeto político, mientras que confunde protegerla con silenciarla. Y la realidad lo comprueba: las medidas tomadas por los funcionarios designados por De la Espriella, y por él mismo, han estado marcadas por la desidia hacia la infancia y la juventud, especialmente de las clases populares

 

1. Tres escándalos en el ICBF en menos de 24 horas

María Carolina Restrepo, la nueva directora del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) dio tres pasos en falso en un solo día: la censura del mural de la colectividad artística infantil Resistencia Chiquita; la puesta en riesgo de los contratos del 47% de lxs trabajadorxs del ICBF; y la directriz de suprimir la palabra “niñas” en las comunicaciones oficiales de la entidad, usando únicamente los términos “niños y adolescentes”. 

A pesar de estar al frente de una institución encargada de salvaguardar los derechos de las niñas, niños y adolescentes, especialmente de los más vulnerables del país, Restrepo no les reconoce como sujetxs políticxs. Además, no le tiembla la mano al tomar decisiones que (1) ponen en riesgo la continuidad de los programas que les atiende y (2) desconocen las condiciones diferenciadas de vulnerabilidad que enfrentan las niñas colombianas, a decir: violencia sexual, matrimonio infantil, barreras educativas, entre otras. Para esta mujer, lo único que deben hacer las niñas, niños y adolescentes es jugar. Al asegurar esto, confunde proteger a la infancia del “adoctrinamiento” con acallar su capacidad para cuestionar y resistir, ignorando que a la niña o al niño que se le prohíbe alzar su voz, se le arrebata la posibilidad de denunciar la violencia.

 

2. Atención a las niñas, niños y adolescentes afectados por el terremoto

Las zonas más afectadas por el terremoto del 10 de agosto de 2026 fueron, precisamente, los territorios con las condiciones más críticamente pobres —situación indisociable del racismo estructural—. La burguesía nacional ha acumulado riqueza a través del despojo de los bienes comunes y la explotación de la fuerza de trabajo de los habitantes de estas zonas, muchas veces en alianza con el paramilitarismo. Allí habitan miles de niñas, niños y adolescentes de clase popular, quienes han crecido en contextos marcados por la violencia y la desigualdad que, hoy en día, se profundizan a causa del terremoto.

¿Y cuál fue la respuesta del gobierno? De la Espriella llegó sonriente a entregar balones de fútbol en Buenaventura y, al preguntarle por la continuidad del año escolar en medio de las afectaciones a las infraestructuras, respondió que las clases serían virtuales. ¿Clases virtuales en lugares sin conexión estable a internet, donde muchxs estudiantes no tienen computador y donde muchas familias ya no tienen una casa? Al presidente le pareció más urgente entregar balones marcados con propaganda política que asegurar el refugio y la alimentación en medio de la crisis, mucho menos se preocupó por dar certezas de la reconstrucción de hospitales, hogares y colegios. Pan y circo, como dicen por ahí. 

 

3. Reclutamiento de menores de edad en el Catatumbo

En medio del caos generado por el terremoto, pasó desapercibida la denuncia realizada por la Asociación Madres del Catatumbo por la Paz: el Ejército Nacional adelantó labores de reclutamiento de menores de edad en el municipio de Tibú, Norte de Santander. Un gobierno que prometió guerra, necesita soldados, pero, ¿de qué sectores de la población provienen? 

Mucho se advirtió en época electoral que serían las y los jóvenes populares quienes pondrían el cuerpo en esta guerra que le llena los bolsillos a las clases dominantes y al narcoparamilitarismo. Todo indica que la indignación por la cifra de más de 18.000 niñas y niños reclutados por las FARC-EP en el marco del conflicto armado se agota cuando los números dejan de ser una cuestión abstracta y se convierten en personas reales, habitantes del campo colombiano y víctimas de la violencia estatal. Ironía e hipocresía: ese es el menú que nos espera en los próximos cuatro años. 

 A pesar de las amenazas y los riesgos a sus integridades y las de sus familias, las madres del Catatumbo llevan años trabajando para que la juventud no se involucre en el conflicto armado y son firmes en su postura: «No le vamos a permitir al Ejército Nacional que reclute uno de nuestros jóvenes en el territorio, porque nosotras, las Madres del Catatumbo, no parimos hijos e hijas para la guerra». 

 

4. Entrada del ejército genocida de Israel al territorio colombiano

Posterior al terremoto, De la Espriella autorizó la entrada de miembros del ejército israelí al país, quienes, supuestamente, entrarían a prestar apoyo humanitario. ¿Qué labores humanitarias puede prestar el ente de guerra responsable de un genocidio que, de manera deliberada, ha mutilado y asesinado a más de 50.000 niñas y niños palestinos desde 2023? Para ser el jefe de un gobierno que se jacta de proteger la sacralidad de la vida de la infancia, a De la Espriella parece importarle poco estos hechos. 

En 1980, James Baldwin escribió: «Los niños siempre son nuestros, todos y cada uno de ellos, en todo el mundo; y empiezo a sospechar que quien sea incapaz de reconocer esto tal vez sea incapaz de actuar con moralidad» [1]. El gobierno colombiano, entonces, se desprende de todo ápice de moralidad al aliarse con Israel, validando los crímenes de guerra que su ejército ha cometido contra el pueblo palestino y, sobre todo, contra sus niñas y niños. Que no se olvide: lo que hacen en Gaza, lo harán en tu casa. 

 

¿Derecho a la vida sin derecho a los medios de subsistencia?

Meta Krauss-Fessel, anarco-comunista alemana, presentó en las Jornadas Pedagógicas de Leipzig en 1928 una ponencia titulada “Situación material del niño proletario”. En esta, expuso la hipocresía de la burguesía de su época que, al mismo tiempo que hablaba del derecho a la vida y declaraba con orgullo que el siglo XX era el Siglo de los niños, se hacía la de la vista gorda frente a las condiciones de miseria en las que crecían las niñas y los niños proletarios: «Debemos preguntarnos previamente si ese derecho a la vida, tantas veces proclamado, lleva en sí el derecho a los medios de subsistencia. Y si nos hacemos esa pregunta, quien conozca el miserable vivir de los diferentes grupos proletarios tendrá que contestarse negativamente». 

Noventa y ocho años después, no es muy diferente la actitud de la burguesía nacional colombiana y sus representantes en la cúpula de poder. Se dice que los primeros 100 días de un gobierno muestran el tono que este tendrá, pero al de De la Espriella le bastaron dos semanas para burlarse en la cara de las niñas, niños y adolescentes; para dejar claro que garantizar vidas dignas a las infancias y  juventudes pobres, racializadas y periféricas —incluso en medio de una emergencia— no está dentro de los milagros que se cumplirán en su patria. Pero, ¿qué podemos esperar de la burguesía?  Esta sabe que, en el futuro, lo que llenará sus arcas será la explotación de la fuerza de trabajo de estas niñas y niños que, desde su nacimiento, han estado desposeídos: «Con los niños no… (nos comprometeremos a mejorar su futuro)», repite la derecha. 

En esa misma ponencia, Krauss-Fessel citó, de manera muy acertada, una reflexión compartida por Rosa Luxemburgo durante las sesiones del Parlamento alemán en donde se discutía la Ley de protección del trabajo de los niños. Vale la pena recordar su lucidez:   

«Cuando llegue el día en que se cierre la historia de la sociedad capitalista y se enumeren todos sus crímenes, y se sometan al juicio definitivo de una Humanidad mejor, estamos persuadidos de que, de todos sus crímenes, el que más ha de pesar en la balanza de la Historia es el largo tormento de que han sido víctimas los niños proletarios. Agotar todas las fuentes de vida en estos seres indefensos, suprimir la alegría del vivir en el umbral mismo de la existencia, destrozar la simiente humana en sus primeros brotes: ese es el pecado más grave que la dominación capitalista comete en la actualidad y esos son igualmente los más criminales ataques que se producen contra el porvenir». [2] 

 

Referencias 

[1] Baldwin, J. (1980). Notes on the House of Bondage. https://www.thenation.com/article/archive/notes-house-bondage/  [Traducción propia]. 

[2] Krauss-Fessel, M. (1928). Situación material del niño proletario. https://www.filosofia.org/urss/ite/pp30_015.htm

Autor

Bailarina. Socióloga.