¿Por qué Fedegán blanqueó a Martin Luther King?

“Acabar con el olvido”, así llaman José Felix Lafaurie y Maria Fernanda Cabal a su amañada visión de la historia reciente del país. Republicada con el beneplácito de Darío Acevedo, el actual director del Centro Nacional de Memoria Histórica, la obra no es más que 298 páginas de un mal delirio de Fedegán.  

El libro recientemente presentado por la senadora María Fernanda Cabal y el presidente de Fedegán José Felix Lafaurie al director del Centro Nacional de Memoria Histórica Darío Acevedo inicia con una cita del fallecido líder del movimiento por los derechos civiles Martin Luther King.

Específicamente, la cita que comienza Acabar con el Olvido es: “Nuestra generación no se habrá lamentado tanto de los crímenes de los perversos, como del estremecedor silencio de los bondadosos”.

El uso de esta cita por parte de los organizadores del libro es un reflejo de la idea que tiene un sector conservador de Colombia sobre la historia. Abusar de la imagen de King, descontextualizándolo de su proceso político y esterilizándolo de toda radicalidad es una práctica común. El mismísimo FBI, que en numerosas ocasiones saboteó el trabajo de King e incluso lo incitaron a suicidarse1, le ha rendido homenaje al grabar en un monumento otra cita genérica: “Siempre es el momento justo de hacer lo que es justo”.2 Muerto, King no representa una amenaza para las estructuras racistas y clasistas de Estados Unidos (y el resto del mundo), por lo que su imagen y su trabajo es usado exclusivamente como peroratas motivacionales o incluso justificaciones contra las manifestaciones. Esto es conocido como blanqueamiento.

Sin embargo, King estuvo lejos de ser un político complaciente. Por ello sorprende encontrar su cita en un libro organizado por un sector que se opone abiertamente a las manifestaciones (cuando King organizó las más disruptivas y enromes en la historia de Estados Unidos) y defiende a capa y espada la legitimidad de la policía (cuando King se enfrentó directamente a la brutalidad policial).3 Incluso el auto-proclamado anticomunismo de la pareja Cabal/Lafaurie contrasta con las mismas tendencias políticas de King, quien al final de su vida se consideraba crítico del capitalismo y cercano al socialismo estadounidense (diferencia que seguramente para los organizadores del texto pasa desapercibida en su cruzada contra el homogéneo, inmutable y eterno comunismo internacional).

El abuso de la imagen de King es un reflejo de la falta de compromiso que tienen los organizadores del libro con la historia. Y su libro, que tantos elogios recibió por parte del relativista Darío Acevedo, es un ejemplo de cómo detrás del supuesto interés por la verdad histórica, se encuentra un virulento odio ideológico a la posibilidad de crear conocimiento.

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El texto se presenta como una respuesta al “genocidio ganadero” que, según los recopiladores, ha sido olvidado por Colombia (pág. 26). Contradictoriamente se propone en un inicio que el origen del sufrimiento ganadero se encuentra en el olvido por parte de la Colombia urbana del campo. Sin embargo, aunque esto se puede leer como un reconocimiento de las causas estructurales-económicas del conflicto armado, el texto rápidamente se encauza en la tradicional línea política reconocida por este sector uribista y anti reforma rural: Fue la fundación de las FARC y el posterior bum de las guerrillas la base de todos los males del país durante la segunda mitad del siglo XX (pág. 20).
Aunque no sorprende esta clásica explicación del conflicto armado, sí lo hace la definición que los editores hacen de la historia. Al inicio del trabajo, Lafaurie escribe que “La historia, nunca tan neutral como quisieran los mismos historiadores, es la recopilación de esa memoria colectiva, que se encarga de decantar los hechos y de preservar para la posteridad el recuerdo de aquellos que se alinean con los intereses prevalentes en cada momento de una sociedad en particular” (pág. 18). Esta es la justificación que hacen para argumentar que la investigación histórica ha olvidado a los ganaderos o los ha convertido simplemente en victimarios. Para ellos la historia es un discurso ideológico que establece un relato hegemónico dependiente de intereses específicos. Es completamente parcial y subjetiva. Es una opinión.Tal visión de la historia deja mucho que decir por parte de la asesoría académica que recibió el texto de la Universidad Sergio Arboleda (aunque no hay firmas por parte de ningún docente en el trabajo). No hay ni una sola cita o referencia a algún trabajo anterior a lo largo de todo el libro. Y esto es importante, pues las citas en un trabajo histórico no son un capricho académico. Al rehusarse a conversar con el enorme corpus histórico que existe sobre la historia rural en Colombia, el texto se presenta simplemente como una nueva versión histórica, completamente diferente y desvinculada al conocimiento anterior. Es una nueva opinión. No le interesa dialogar con otras investigaciones o interpretaciones. Le interesa presentar su visión, nada más.El grueso del libro consiste en 2 elementos. Primero es una lista de nombres de 3293 víctimas ganaderas colombianas entre 1972 y 2008. El segundo elemento es el testimonio de 443 de esas víctimas, que consiste en una lista descriptiva de la persona y una descontextualizada cita que refiere a su experiencia personal.4 Vale aclarar que, aunque se citan a las organizaciones locales que ayudaron a recopilar los textos, no hay una explicación seria del proceso de recopilación de datos más allá de un cruce entre lo expuesto por las organizaciones locales y la Base de Datos de Fondo Nacional para la Defensa de la Libertad Personal (Fondolibertad).5 Curiosamente el único marco de organización del trabajo se basa en sentencias sobre Derechos Humanos y Derechos Internacional Humanitario, tan criticados recientemente por la senadora Cabal con su diatriba hacia la ONU.6Aunque como base de datos el libro aparentemente podría tener valor investigativo, la recientemente demostrada parcialidad total de la información presentada en el texto debe ser una advertencia a todo aquel que quiera aproximarse a él como una fuente histórica.7 Y escribo como fuente y no como trabajo histórico porque ese sería el único estatus al cual el texto podría llegar a aspirar. El trabajo histórico no consiste en exponer datos cronológicamente de manera fría y descontextualizada. La historia requiere de una interpretación que se basa en marcos de comprensión de la realidad, discutidos, rebatidos y complementados a través del diálogo con otras distintas interpretaciones. La verdad histórica, aunque imposible de alcanzar, es una dirección que guía la investigación a través de las preguntas que le hacemos al pasado. Y esto solo puede entenderse en el marco de una comunidad que respeta el método histórico y lo discute abiertamente. Algo que claramente rechaza el texto y quienes lo editan.

Un último elemento que llama la atención del texto es que después de su reciente re-presentación (pues fue publicado en 2009), Dario Acevedo declaró que el CNMH iniciará un convenio con Fedegán para continuar la valiosa investigación.8 Hizo estas declaraciones durante el periodo propuesto por el mismo CNMH en su convocatoria a investigadores del Conflicto Armado junto a Colciencias. Acabar con el Olvido es un texto que jamás pasaría una seria convocatoria investigativa, mucho menos los extraordinariamente ridículos índices de medición usados por Colciencias para las ciencias sociales. Sin embargo, aparentemente este texto es razón suficiente para establecer un nuevo convenio con la muy desprestigiada administración de Acevedo. Esto demuestra que la búsqueda por la excelencia y en contra de la rosca que tanto pregona el neutralismo académico del director tiene ciertos matices.

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La tragedia y grandeza de la disciplina histórica es que los muertos no pueden hablar. Por eso King no puede defenderse de la tergiversación de sus palabras por quienes fueron sus enemigos en vida. Es el trabajo de quienes escribimos historia guiarnos por una disciplinada rigurosidad metodológica que nos permita entender lo más claramente posible quiénes son aquellos que ya no están, quiénes han sido oprimidos y quienes se han beneficiado de las opresiones. Y ese es un trabajo complejo.

Lo que textos como Acabar con el Olvido reflejan es una necesidad por controlar el pasado. La cómica y peligrosa diatriba anti-comunista de este sector ha construido un discurso cuasi-religioso que se niega a dialogar con la investigación histórica rigurosa. Por supuesto que el sector agrícola (y el ganadero) debe entrar en la historia del conflicto armado en Colombia. Pero debe hacerlo a través de un dialogo complejo, donde sus voces se puedan escuchar y dialogar con las de otros actores. Y tales interpretaciones deben ser objeto de escrutinio y revisión, pues todo trabajo histórico se reconoce a sí mismo como provisional. Lo que hace la historia es construir conocimiento útil para la trasformación social. Lo que hacen ellos, los blanqueadores de Martin Luther King, es negarnos la posibilidad de hacerlo.

Referencias

1. Beverly Gage. “What a Uncensored Letter to M.L.K. Reveals” New York Times, 11 de noviembre de 2014. En línea: https://www.nytimes.com/2014/11/16/magazine/what-an-uncensored-letter-to-mlk-reveals.html

2. https://twitter.com/FBI/status/1219228329703870464

3. Thomas Surge. “Restoring King” Jacobin, 18 de enero de 2016. En línea: https://www.jacobinmag.com/2014/01/restoring-king/

4. El texto no es claro en la procedencia de dicha cita, si es del entrevistador dando un informe o de la misma persona entrevistada.

5. La página del fondo no funciona. Ver: http://www.fondelibertad.gov.co/

6. Maria Fernanda Cabal. “La agenda globalista de la ONU”, 1 de marzo de 2020. En línea: http://mariafernandacabal.com/la-agenda-globalista-de-la-onu/

7. Nicolás Sánchez Arévalo “La información que falta en el libro entregado por Fedegan para hacer memoria” El Espectador, 29 de febrero de 2020. En lpinea: https://www.elespectador.com/colombia2020/pais/la-informacion-que-falta-en-el-libro-entregado-por-fedegan-para-hacer-memoria-articulo-906999

8. “Vamos a firmar un convenio con el Centro Nacional de Memoria Histórica: Fedegan” El Espectador, 24 de febrero de 2020. En línea: https://www.elespectador.com/colombia2020/pais/vamos-firmar-un-convenio-con-el-centro-nacional-de-memoria-historica-fedegan-articulo-906215

Quién

Felipe Caro Romero
Felipe Caro Romero
Historiador de la Universidad Nacional de Colombia y Miembro del semillero "Historias Para Lo Que Viene". Estudia movimientos sociales y diversidad sexual.

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