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Hasta el odio

Algunos aún se preguntan cómo es posible que existamos quienes odiamos al «Estado» de «Israel», a sus «primeros ministros» «Netanyahu» o «Ben Gurion» y a sus paisanos, los «israelíes». O que, por poner otro ejemplo, nos alegremos de la muerte del gerente de una aseguradora estadounidense, abaleado por el ahora célebre Luigi Mangione. Pero ninguno de estos factores es, en absoluto, lo mismo.

En el pandemonio que es nuestro mundo contemporáneo existe una pequeña capa de la humanidad que tiene el poder de imponernos la muerte o, visto de revés, de privarnos de la vida. Quienes ostentan ese poder también nos privan de muchas otras cosas; sobre todo, cuando les resulta más rentable o conveniente que matar. Aun se puede emplear, ¿por qué no?, el concepto de expropiación.

La expropiación no siempre comienza con la tierra, una de las propiedades más codiciadas por los poderosos. La expropiación puede ser, y es, cultural. Pueblos, naciones y continentes enteros despojados de las tradiciones, las culinarias, los vestidos, los significados. Todo nos lo arrebatan aquellos que nos quitan hasta la vida. A fin de cuentas, la amenaza de muerte es casi siempre el camino a las otras expoliaciones.

Entre esas otras, están los sentimientos, los trastocan para que aceptemos lo que de otro modo no aceptaríamos. El amor, por ejemplo, es el bien supremo del mundo en la esfera de lo emotivo, aun por encima de la felicidad o la alegría. Estos sentimientos nos los permiten. Pero hay otros, igualmente humanos, cargados con un lastre tan pesado que se nos dificulta no solo exhibirlos, sino incluso reconocerlos. El odio, por seguir con el ejemplo: un sentimiento que ellos emplean con asombrosa liberalidad y sin el cual nosotros nos encontramos en el callejón sin salida de tener que aguantarlo todo.

Y aguantamos sin derecho ninguno de réplica porque, además, nos han impuesto la idea de que en el odio nos igualamos con los que entre ellos son los «malos», «desviados», «depravados». De hecho, algunos aún se preguntan cómo es posible que existamos quienes odiamos al «Estado» de «Israel», a sus «primeros ministros» «Netanyahu» o «Ben Gurion» y a sus paisanos, los «israelíes». O que, por poner otro ejemplo, nos alegremos de la muerte del gerente de una aseguradora estadounidense, abaleado por el ahora célebre Luigi Mangione. Pero ninguno de estos factores es, en absoluto, lo mismo. 

En el caso de «la única democracia del Oriente Medio», se trata, precisamente, de una fracción de aquellos que nos imponen la muerte. Y es una imposición real, material, tangible y visible: no hay nada metafórico en lo que hacen. Son asesinos, descuartizadores, torturadores, psicópatas, pervertidos, violadores. Todo está comprobado hasta la saciedad, entre otras cosas, porque se ufanan de ello. Se ufanan de su odio. Se graban en video. Lo difunden en Internet desde sus cuentas personales. Del exterminio de los gazatíes se ha dicho que es el genocidio mejor registrado de la historia, y qué duda cabría si se atiende a la perenne y al tiempo jactanciosa comunicación de sus perpetradores. Existen en ese «Estado» «israelíes» que no son así. Pero son pocos, en una colectividad de por sí relativamente pequeña. Basta con mirar la encuesta de junio de 2025 de la propia Universidad Hebrea de Jerusalén: cerca del 75 % está de acuerdo con la idea de que “no hay inocentes en Gaza”.

En el caso del asesinato del gerente de la aseguradora, era él ―la «víctima»― el que imponía la muerte. Y, aparentemente, fue esa la razón por la que fue asesinado ―algunos han hablado de un crimen vindicativo―. Que el asesino hoy esté pagando por su crimen es una prueba más de que no pertenece, a diferencia de su víctima, a esa «élite» que nos impone la muerte. Sobre el homicidio puede o no decirse mucho. Es un delito y existe una ley para castigarlo. Otra es la cuestión cuando toca dilucidar aspectos diferentes al jurídico. Responder, por ejemplo: ¿es explicable el hecho? Claro que sí. Puede explicarse. ¿Es justificable? Estoy absolutamente convencido de que lo es.

Sobre este punto hay quienes dicen que el gerente también era un ser humano y que ha sido deshumanizado, si bien reconocen a continuación que él, la víctima, también deshumanizó a las suyas. Sin embargo, esa no es la cuestión, puesto que, para matar al gerente, no medió ninguna deshumanización. Claro, no podemos comprobar que Mangione estuviera convencido de que aquel fuera un «animal» o un «monstruo», porque para ello sería necesario, como mínimo, escuchar al asesino. Pero incluso en la forma del crimen faltan la sevicia y el placer en el dolor ajeno que es tan notable en aquellos otros. Hay, por insólito que parezca, un asomo de humanidad en la limpieza y en la rapidez del hecho. El mensaje del crimen fue algo así como «alguien tiene que tomar medidas para que no sigas haciendo daño impunemente». Mensaje muy problemático, claro. Pero ese tampoco es el asunto aquí.

Ahora arribo a la cuestión central: ¿se justifica mi odio contra los genocidas? ¿Se justifica mi odio contra el gerente de la aseguradora? Claro que sí. Porque no podemos caer en el juego de igualar por lo bajo. Cuando reconozco el odio visceral de los genocidas frente a sus víctimas, sentimiento documentado y exhibido por ellos mismos, no existe posibilidad ninguna de que mi odio se iguale al de ellos. So pena de renunciar a siglos de raciocinio podría yo aceptar que el odio que con justicia les profeso es igual al de ellos, que les imponen la tortura y la muerte, a diario, a miles de personas inocentes. Ellos ―no el gerente―, que se escudan en una supuesta persecución en contra y en el genocidio cometido por Hitler, cosechan minuto a minuto y milímetro a milímetro un odio aún más visceral que el suyo. Están sembrando vientos.

Sobre el gerente: ¿odiaba a sus víctimas? Es probable. Tal vez un odio ciego y sordo, sin incomodidades ni aspavientos, hacia los pobres, los enfermos y los desheredados. Quién sabe. O apenas una ausencia completa de empatía. Pero desde un punto de vista correctamente moral no es posible decir que su falta de empatía hacia los miles de víctimas del sistema de aseguramiento en salud del que él era un ejecutor sea igualable al justo odio que, sin duda, creció en las familias de muchos de los que murieron por la falta de atención o por la quiebra, ambas resultado de este mecanismo de expropiación.

Norman Finkelstein, académico norteamericano, judío, experto en el genocidio que se comete contra los palestinos, hijo de sobrevivientes del gueto de Varsovia, lo explica con claridad, puesto que ha sido interpelado por la justificación del odio varias veces. En noviembre de 2023, en una entrevista para el programa británico Piers Morgan Uncensored, trajo a colación el caso de sus padres y lo relacionó directamente con el actual exterminio: “Hasta el último día de la vida de mis padres era impensable que tuviesen una palabra bondadosa para decir sobre los alemanes; y era impensable que yo llegase a disputar con ellos ese punto. Acepté que, dada su experiencia de vida, tenían el derecho de odiar a quienes la habían destruido. Y el pueblo de Gaza tiene derecho a odiar a la gente que destruyó sus vidas”. Entonces, si sentimos empatía con las víctimas, aunque no experimentemos su dolor o su trauma ―y aunque tratemos de ignorar que mañana seremos nosotros―, ¿tenemos derecho de odiar a los victimarios? Aparentemente no, porque hasta el odio nos lo quieren expropiar.

 

Andrés Arango, julio 19 de 2025

 

Referencias

Cork HCW’s for Palestine (corchcw). (2025, 29 de junio). @doubledownnews covers what the IOF having been doing and broadcasting to the world via their own social media. Instagram. https://www.instagram.com/corkhcw/reel/DLefkjAI2Jh/ 

Middle East Eye. (2023, 24 de noviembre). Piers Morgan Uncensored: Norman Finkelstein tells Piers Morgan “people of Gaza have the right to hate Israel”. YouTube. https://youtu.be/qnYGhKVscjQ

Noticias ONU. (2024, 4 de abril). «El mundo es testigo del primer genocidio mostrado en tiempo real por sus víctimas, denuncian dos expertas de la ONU». https://news.un.org/es/story/2024/04/1528826

Ofir, J. (2025, 3 de julio). Poll: Overwhelming majority of Jewish Israelis share genocidal belief there are “no innocent people in Gaza”. Mondoweiss. https://mondoweiss.net/2025/07/poll-overwhelming-majority-of-jewish-israelis-share-genocidal-belief-there-are-no-innocent-people-in-gaza/