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Los seis mensajes de la violencia en la construcción de la masculinidad militar de sargentos del Ejército de Bolivia

Entre las múltiples manifestaciones de lo que se ha llamado masculinidad hegemónica, aquella que constituye la racionalidad de lo militar es por mucho, una de las más complejas y peligrosas. Elementos como el liderazgo patriarcal, la jerarquía, la belicosidad y el castigo, permean necesariamente la política a través de estéticas y mensajes de violencia que desbordan los límites de la institucionalidad. Este es un análisis de las masculinidades desde el feminismo, con un enfoque interseccional. [Portada: Juan Sebastián Álvarez].

Introducción

Por: Daniela A. Elías (CESU-UMSS).1 En Bolivia, la formación militar es obligatoria para todos los hombres y debe realizarse entre los 16 y 22 años. El feminismo antimilitarista ha señalado que, a través de las Fuerzas Armadas (FF. AA.), los Estados promueven el uso de la violencia; mientras tanto, los estudios de masculinidades se proponen analizar los efectos tóxicos de esta formación en la construcción de la masculinidad. Siendo que en Bolivia esta es una experiencia a la que serán sometidos todos los jóvenes, toca estudiar el tema con seriedad y hasta con preocupación.

Así, en este texto planteo algunas reflexiones producto de mi investigación sobre la función de la violencia en la construcción de la masculinidad militar en la Escuela Militar de Sargentos del Ejército (EMSE) del Estado Plurinacional de Bolivia.2 Para ello, dedico primero algunos párrafos a la importancia de estudiar las masculinidades desde el feminismo, así como desde la interseccionalidad. Luego, paso a describir brevemente las principales características de la masculinidad militar de los sargentos para, finalmente, dedicarme a los mensajes de la violencia patriarcal que tienen el objetivo de producir cuerpos disponibles. Disponibles para soportar la violencia, así como para causarla.

La investigación será feminista

Una investigación feminista debe tener presente que el género es un ordenador clave de la sociedad y se combina con otros, como la clase social, el origen étnico, la preferencia sexual. Asimismo, que no solo se necesita entender cómo funcionan las sociedades patriarcales, sino que se debe apostar por su transformación (cf. Bartra 2012: 70). En este sentido, llevar adelante una investigación feminista implica una convicción política, esta huella está presente en todo el proceso de investigación.Está presente en la propia escritura. Para el patriarcado y para la academia, emplear el femenino en lugar del masculino universal es un insulto, como me gusta la idea de ofender a dos machos en un solo párrafo, escribo en femenino plural. Creo firmemente que los hombres deben hacer el ejercicio imaginario de sentirse incluidos en un lenguaje que no los nombra, así como históricamente lo hemos tenido que hacer las mujeres. Solo bajo la condición de que los hombres experimenten esa invisibilidad, podremos discutir con ellos la importancia, o no, del lenguaje inclusivo y admitir su opinión.

En una investigación feminista, y más aún dentro del campo de masculinidades, hay que pensar también en que el propio género de la investigadora influye en su estudio. Al iniciar el trabajo de campo de mi investigación, yo misma me hice varias preguntas: ¿Cómo mi género va a afectar el tipo de respuesta que los sargentos me darán?, ¿tendré que usar la seducción como estrategia para acercarme a ellos? Si la uso ¿estaré siendo consecuente con mis convicciones feministas?, ¿estaré poniéndome en riesgo al entrevistarme sola con hombres? Un diseño y estrategia metodológica seria y, sobre todo, creativa, deberían llevarnos a buen puerto y mantenernos firmes en nuestros principios feministas.

No solo el género tendrá su papel en la investigación, sino también nuestras propias historias de vida, nuestro lugar en el mundo. El feminismo no niega, como lo hacen las ciencias masculinizadas, el contexto, emociones y creencias de la investigadora, más bien los delata y los aprovecha. A ello se llama también conocimiento situado, esto quiere decir que el conocimiento se produce desde lugares específicos y no “desde ninguna parte” (cf. Harding 2012: 42). Así como los sujetos de investigación están atravesados por sus experiencias y hablan desde su lugar en el mundo, así también la investigadora carga consigo su propia historia.

Esto supone a su vez tomar en cuenta la perspectiva interseccional. Con esto me refiero al entrecruzamiento o conexión entre diferentes ordenadores sociales como el género, origen étnico, clase social, preferencia sexual, y otros, que combinados producen realidades específicas para estos sujetos. En el caso de los sargentos de la EMSE, este aspecto fue fundamental y paso a explicar el por qué.

Las FF. AA. de Bolivia, y particularmente el Ejército, arrastran desde su nacimiento taras coloniales que no han podido superar a lo largo de su historia, pese a que es un país de mayoría indígena. El racismo y la discriminación de la sociedad boliviana no solo se representa en las FF. AA. sino que ha estructurado su escalafón de rangos. Así, las diferencias entre oficiales (rangos superiores) y sargentos (rangos inferiores) no son únicamente de naturaleza técnica, sino que están profundamente determinadas por el origen étnico y la clase social de los uniformados, y pueden ser obstáculos dolorosos en el proceso de construcción de la masculinidad militar. Aquí hay que observar que no es el sistema militar el que produce el racismo y discriminación, sino que más bien estos dos males producen al sistema y se mantienen en él.

Líneas arriba afirmé que la investigación feminista parte de una convicción política y también dibuja un horizonte de transformaciones radicales, por eso es tan importante estudiar las masculinidades desde una base feminista. Yo como feminista que estudio masculinidades no pretendo relativizar la responsabilidad individual de la violencia ejercida por los hombres, ni victimizarlos; quiero, entre muchas otras cosas, que ellos reconozcan que los privilegios que dicen tener, que sus ansias por el poder y el prestigio, no solo acarrean sufrimiento para ellos mismos, sino que además y sobre todo, destruyen las vidas de las mujeres. Simplemente eso no es justo.

Características del modelo de masculinidad militar de sargentos

La masculinidad hegemónica, un concepto desarrollado por R. W. Connell (1997),  se refiere a esa forma de masculinidad específica que goza de mayor prestigio y de mayor aceptación frente a otras formas de masculinidad y, por tanto, se convierte en un modelo deseable para el hombre común. Ahora bien, no existe una sola forma de masculinidad hegemónica, sino que depende del grupo social que se estudie, así como de su entorno histórico y cultural. En ese sentido, si bien suelen existir algunas características recurrentes en los diferentes modelos de masculinidad hegemónica, tales como la misoginia, la heterosexualidad compulsiva y la homofobia, otros rasgos tendrán mayor importancia de acuerdo al grupo de hombres que estemos estudiando.

Así, para los sargentos específicamente, la masculinidad militar se expresa en el ejercicio de un liderazgo patriarcal en el que sobresale un líder, el padre de una hermandad masculina. Este padre utiliza la violencia en su función disciplinante, es visto como justo y sensato, siempre y cuando muestre con su ejemplo los principales valores de la masculinidad militar. Juega el rol de padre, pero también puede ser una suerte de hermano mayor, es decir, interpreta siempre el papel de una figura masculina de autoridad ya sea por edad, por experiencia o por rango.

La siguiente característica es la belicosidad, su deseo guerrero, que se manifiesta como un deber patriótico, pero también como parte de la esencia masculina. Así, los sargentos consideran que la patria exige de los hombres perfeccionar habilidades guerreras que ya existen en ellos por el sólo hecho de haber nacido hombres. Esclarecedora es la metáfora que varios de mis entrevistados utilizaron, para ellos la patria es la esposa y las FF. AA. el marido que debe protegerla de las hostilidades extranjeras.

El respeto a la jerarquía aparece como otra de las características importantes para los sargentos, pues aquí se asienta la estructura vertical patriarcal de las FF. AA. Este rasgo supone que entre militares existe, y siempre existirá, uno que juegue el rol de superioridad frente a otro que asume el papel del inferior. Si bien la estructura vertical es la regla en todas las organizaciones e instituciones, la particularidad de las FF. AA. está en el uso que se le da a la masculinidad y a la violencia arbitraria para sostener y reproducir esa estructura. Así, la expresión o la práctica de la masculinidad está presente en todas las interrelaciones y es clave a la hora de identificar al superior del inferior.

La superioridad frente a las otras identidades es parte de las creencias de una masculinidad hegemónica (cf. Bonino 2002:13). Líneas arriba mencioné que con frecuencia la misoginia y la homofobia son parte de los modelos de masculinidad hegemónica, así, para los sargentos las identidades opuestas a ellos son las mujeres y los homosexuales. Pero, además, una tercera identidad aparece como no deseada, opuesta, alejada de la masculinidad militar: los indígenas. Los sargentos me relataron diferentes anécdotas sobre los tratos crueles a los que eran sometidos los más indígenas entre los alumnos. Entonces, afirmo que el sistema por sí solo es insuficiente si no tiene cuerpos que estén disponibles a encarnar el racismo y la discriminación para así traducirlos en actos concretos de violencia directa sobre otros cuerpos.

Finalmente, para los sargentos, la masculinidad militar también se expresa estética y corporalmente. Así, la postura corporal, el tono de voz, el corte de cabello, la pulcritud y la limpieza, hacen parte del despliegue estético del militar, pero además los hace identificables y les otorga una identidad grupal.

Ahora bien, estas características se van asumiendo y perfeccionando durante el proceso de formación militar. Proceso que, si bien promete una serie de privilegios materiales y económicos, además de simbólicos, implica el uso de la violencia sobre los cuerpos de los sargentos. Esta violencia se expresa, se manifiesta a través de mensajes concretos.

La violencia habla 

Hacer hablar a la violencia ha sido un ejercicio imaginativo. Fue importante darle a la violencia una voz en primera persona del singular porque de esta forma hice notar su presencia cotidiana en la formación militar, así como su autoridad y poder para respaldar las creencias en las características que se consideran propias de la masculinidad hegemónica militar.

Así, la violencia habla y dice: “Tu cuerpo me pertenece, sobre él ejerzo soberanía”. Con este mensaje, que  resuena en cada castigo corporal, la violencia se encarga de expropiar el cuerpo al que somete. Es decir, la violencia se apropia del cuerpo del sargento y lo convierte en objeto-herramienta del Ejército, de las FF. AA., del Estado.  Solamente a través de la apropiación de un cuerpo es posible que el poder y la violencia transiten y causen efectos (cf. Foucault, 2008: 35). Además, no hay que olvidar que el deseo de dominación es parte de la ideología patriarcal que define lo que es masculino de lo que no lo es.  Los sargentos están conscientes de la renuncia de su autonomía, pero no perciben que en esa renuncia pierden también la soberanía, el título de propiedad de sus cuerpos.

Es entonces cuando la violencia enuncia su siguiente mensaje y, con ello, apunta directamente al prestigio: “Ser militar es un privilegio para aquel que me soporta”.  La presencia de mujeres y de Derechos Humanos (DD. HH.) han moderado el uso de los castigos físicos hacia las nuevas generaciones de sargentos, pero curiosamente esto no es siempre visto con buenos ojos entre ellos pues, para la masculinidad, sufrimiento y prestigio van de la mano. Así, mientras más su cuerpo haya aguantado, más dignos de ser militares son.

El siguiente mensaje de la violencia es: “Sostengo la jerarquía”. Por un lado, este mensaje promueve la competencia y aumenta el deseo de estar en una posición de superioridad frente al otro; pero por otro lado, y más importante aún, reafirma la promesa de obtener y ejercer poder a medida que se escala en la estructura militar. Solo así se sostiene esa jerarquía, solo así los sargentos están dispuestos a someterse a la violencia de su superior pues saben que, eventualmente, alguien estará por debajo de ellos.

La violencia también dice: “Garantizo la disciplina, signo del auténtico militar”. Los sargentos creen firmemente que la disciplina militar se forja sólo a través del uso de la violencia durante su formación. En este mensaje está presente la creencia de que el cuerpo masculino lo soporta todo, desde los duros entrenamientos hasta los castigos corporales y que ello sirve para convertirlos en buenos hombres y buenos militares. La violencia se justifica a sí misma.

El siguiente mensaje: “Dime de dónde eres y te diré cuál es tu lugar en la fratría” revela la discriminación dentro de las FF. AA. Básicamente, la violencia designa al sargento un lugar en la hermandad militar y, para ello, toma en cuenta su apellido, su color de piel, su lugar de nacimiento. Con este mensaje la violencia afirma qué identidad no solo no es la adecuada para ser militar, sino que además es errónea, equivocada.

Finalmente, la violencia enuncia su último mensaje: “Te preparo para no sentir”. Para la masculinidad, lo afectivo y lo emocional son propios del mundo femenino, por tanto, hay que alejarse de él. El primer vínculo que debe romper el sargento es con la familia y, dado que cambia su lugar de residencia con frecuencia, no debe darle importancia a sus futuras relaciones amorosas y amistosas, pues son pasajeras.

Esta condición es importante para anular la empatía hacia el otro. La imposibilidad de ponerse en el lugar de la otra persona hace más fácil convertir a esa misma persona en objeto y usar la violencia sobre ella. No hay que olvidar que, si el fin último de los sargentos es el de estar preparados para la guerra, este mensaje es central para desarrollar en ellos la capacidad de matar. En ese contexto, hay que tener presente que el cuerpo que se mataría, que se sacrificaría, estaría cargado de significados que otorgan mayor prestigio a la masculinidad del militar que aprieta el gatillo. 

Comentarios finales

He señalado la importancia de tener una huella política feminista en la investigación en masculinidades porque necesitamos una transformación radical en la manera en que los hombres construyen sus identidades. No es suficiente con que los hombres se reconozcan como víctimas de un sistema patriarcal opresor y violento, sino que deben asumir su responsabilidad como guardianes de él.

Las FF. AA., y los Estados que les otorgan poder, son las instituciones que más protegen y aseguran la reproducción del sistema patriarcal pues, gracias a él, obtienen esos cuerpos entrenados en y para la violencia. Son las creencias patriarcales las que convencen y atraen a los hombres hacia modelos violentos de masculinidad y los convierten en cuerpos-objetos disponibles y serviles al poder estatal.

En el caso de los sargentos de la EMSE, he descrito las principales características de un modelo deseable y prestigioso de masculinidad militar, pero principalmente le he dado una voz a la violencia para evidenciar que esta masculinidad no es natural. No es natural porque implica someter al cuerpo y a la formación de la identidad masculina a un proceso extremadamente violento. La voz de la violencia está allí y complacerla no es fácil, por muy hombre que un sargento crea ser. 

Notas

  1. Investigadora feminista. Tiene una Maestría Científica en Investigación en Ciencias Sociales por la Universidad Mayor de San Simón (UMSS) de Cochabamba, Bolivia. Editora de la revista digital feminista Mulier Sapiens. Actualmente forma parte del Centro de Estudios Superiores Universitarios de la UMSS (CESU-UMSS).
  2.  Tesis “Cuerpos disponibles: la función de la violencia en la construcción de la masculinidad militar en la Escuela Militar de Sargentos del Ejército de Bolivia”, para la Maestría Científica en Investigación en Ciencias Sociales de la UMSS. Programa académico financiado por la Agencia Sueca de Desarrollo Internacional (ASDI) y la Dirección de Investigación Científica y Tecnológica (DICyT) de la UMSS.

Bibliografía

  • Bartra, Eli (2012) [Acerca de la investigación y la metodología feminista] en Blazquez Graf; Flores Palacios; Ríos Everardo (coord.). Investigación Feminista. Epistemología, metodología y representaciones sociales. México: UNAM, Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades: Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias: Facultad de Psicología.
  • Bonino, Luis (2003) Masculinidad hegemónica e identidad masculinaDossiers Feministes 6,  España, pp. 7-36.
  • Connell, R. (1997) [La organización social masculina] en Valdes & Olavarría (eds.) Masculinidad/es: poder y crisis, Cap. 2, Santiago de Chile: ISIS-FLACSO: Ediciones de las Mujeres N° 24.
  • Foucault, Michel (2008) Vigilar y Castigar. Buenos Aires: Siglo Veintiuno. 
  • Harding, Sandra (2012) [¿Una filosofía de las ciencias socialmente relevante? Argumentos en torno a la controversia sobre el Punto de vista feminista] en Blazquez Graf; Flores Palacios; Ríos Everardo (coord.). Investigación Feminista. Epistemología, metodología y representaciones sociales. México: UNAM, Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades: Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias: Facultad de Psicología.

Autor

Producción editorial del equipo de la Revista Lanzas y Letras. www.lanzasyletras.com