Formación política: Internacionalismo, pensamiento estratégico y movimientos populares

´El Nuevo Plan Cóndor – Geopolítica e imperialismo en América Latina y el Caribe´ es el nombre de la reciente edición del Instituto Tricontinental y Batalla de Ideas. En este capítulo, João P. Stedile, Jacqueline Gómez y Manuel Bertoldi resaltan la importancia de la formación política. Agradecemos a [email protected] y [email protected] por esta herramienta fundamental para talleres y seminarios de formación de los movimientos populares en todo el continente.

Internacionalismo, pensamiento estratégico y movimientos populares*

Este libro compila una serie de análisis y reflexiones sobre la situación geopolítica que atraviesa el continente, que impacta directamente en los pueblos que buscamos vivir con dignidad. Para las organizaciones populares —sean territoriales, sindicales o partidarias— es fundamental poder sistematizar y comprender estos elementos, para profundizar y precisar al máximo nuestros análisis de coyuntura. Las conclusiones correctas nos permitirán acertar en nuestras decisiones y delinear de la mejor forma posible nuestras tácticas y estrategias. Ser conscientes del territorio donde actuamos, en sus diferentes escalas desde lo local a lo global, es crucial para nuestra praxis militante cotidiana. Por ello, las organizaciones revolucionarias deben asumir la formación política y ética de su militancia como una tarea prioritaria. Las posibilidades de realización de procesos revolucionarios y de liberación nacional en cada uno de nuestros países dependen de la dinámica de la lucha de clases, de condiciones objetivas y subjetivas. La consolidación misma de las organizaciones populares está íntimamente ligada también a estas condiciones.

Durante las décadas de 1960 y 1970 se erigieron procesos de liberación nacional y social en todo el Tercer Mundo (lo que hoy conocemos como el Sur Global). Uno de los elementos fundamentales para que esto pudiera ocurrir fue la disputa por la hegemonía global desatada entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Pero en simultáneo surgió también el Movimiento de Países No Alineados, e incluso iniciativas más audaces como las conferencias de la OSPAAAL promovidas por la Cuba revolucionaria y lideradas por Fidel Castro. La disputa «por arriba» entre esas dos potencias mundiales y aquellos dos proyectos antagónicos abrió oportunidades para desarrollar procesos independentistas respecto de las potencias coloniales, o para radicalizar procesos nacionales por medio de la lucha armada, siguiendo el ejemplo de las revoluciones argelina y cubana. Pero aquellos tiempos quedaron atrás: el derrumbe del muro de Berlín, la disolución del bloque soviético y el avance de una hegemonía neoliberal e imperial total plantearon nuevos desafíos para las organizaciones populares, muchos de ellos vigentes hasta nuestros días.

Vivimos tiempos de incertidumbre sobre el futuro de la humanidad y de nuestro planeta. En el año 1992, Fidel Castro planteó en las Naciones Unidas que una especie estaba en peligro de extinción: el ser humano. El sistema capitalista, totalmente fuera de control, genera desigualdades nunca antes vistas en la historia de la humanidad. Las cumbres ambientales que reúnen a los países más poderosos del mundo han demostrado su ineficacia, mientras los recursos naturales son saqueados cada vez con más voracidad por las empresas multinacionales. Las posibilidades de pensar un futuro para las grandes mayorías populares se vuelven cada vez más escasas.

Pero la incertidumbre también arroja oportunidades. Por primera vez en la historia del capitalismo estamos viviendo una transición del poder económico y político desde Occidente hacia Oriente. China se consolida como la principal potencia económica, científica y tecnológica, con cada vez mayor influencia en territorios históricamente dominados por Europa y Estados Unidos. A pesar de esto, el imperio norteamericano sigue siendo la primera potencia armamentística, con cientos de bases militares distribuidas en todo el planeta, lo que mantiene latente la hipótesis de conflictos bélicos a gran escala en los tiempos por venir. La disputa entre China y Estados Unidos es un elemento que afecta de manera directa a cada uno de los países del Sur Global, con un nivel alto de impredecibilidad. Se trata de una problemática que nuestros movimientos populares deben estudiar, para poder reflexionar y actuar en torno a cambios que ya están ocurriendo.

La batalla cultural es otra dimensión poco sistematizada y escasamente priorizada en nuestra praxis como fuerzas populares, aunque reviste una importancia fundamental para pensar en la superación de nuestras sociedades actuales. Debemos desarrollar procesos que logren contrarrestar las tendencias culturales hegemónicas, promovidas desde los grandes centros de información y consumo. Existen para ello, en nuestras culturas, valores asentados en las prácticas comunitarias y de solidaridad, que se contraponen al individualismo, el hedonismo y la competencia.

Nuestra región es un lugar donde las tendencias y tensiones mundiales se expresan con cada vez mayor crudeza. Han pasado más de quince años de la histórica derrota del ALCA. Desde entonces, el imperio norteamericano ha reforzado su estrategia de control sobre Nuestra América con mecanismos diversos: acuerdos de libre comercio, el uso del dólar como un arma de guerra, bloqueos y sanciones económicas, deudas externas impagables, etc. Pero también ha reforzado su control a partir de los grandes medios de comunicación, las nuevas redes sociales y los sistemas judiciales puestos a su servicio; incluso ha promovido y colaborado en nuevos golpes de Estado, como en el caso de Bolivia. Pero hay otro fenómeno al que prestar atención: el surgimiento de renovadas fuerzas políticas de extrema derecha, similares a las que se han desarrollado en Europa, que han logrado acceder al poder ni más ni menos que en nuestro hermano Brasil. Paradójicamente, este fenómeno se asienta sobre la falta de perspectivas sociales, reforzando valores como el individualismo, la salvación personal y la xenofobia, debilitando además las tendencias integracionistas de nuestra Patria Grande.

Nuestros pueblos resisten a estos embates posibilitando mejores condiciones de vida, muchas veces prefigurativas de otra sociedad posible, consolidando los procesos de organización popular. Comenzamos siempre a luchar por reivindicaciones parciales: por tierra, por techo, por trabajo, por educación, por salud, por alimentación; pero una vez organizados entendemos que nuestra lucha debe ir mucho más allá. Como decíamos al inicio, no hay posibilidades de que las organizaciones populares se proyecten en el tiempo y trasciendan determinadas coyunturas o reivindicaciones puntuales si no hay un entendimiento de la estrategia de dominación regional y global a la que somos sometidos. Es por eso que una de las tareas fundamentales es la formación política. Una formación en clave estratégica que nos permita caminar con nuestras propias piernas, siendo críticos de nuestra realidad, agudos en nuestras reflexiones y audaces las acciones que llevamos adelante.

Sin formación política no es posible construir una estrategia revolucionaria. Es necesario conocer la frondosa historia de lucha de nuestros pueblos, entroncar con nuestras raíces. Es necesario consolidar un método de formación ética y política, porque sin un método —sin un camino— no es posible construir conciencia revolucionaria. Cada militante debe tener una praxis militante arraigada en el trabajo de base, porque sabemos, desde los tiempos de Karl Marx, que «la lucha de clases es el motor de la historia» y, gracias a Paulo Freire y los procesos de educación popular, que «la cabeza piensa donde los pies caminan».

Luego de la derrota estratégica de varios de los procesos de liberación nacional y social en el Sur Global, y tras la consolidación del neoliberalismo como sistema de ideas, los movimientos populares y las organizaciones revolucionarias entramos en una larga etapa de reflujo. Nuestras tareas se tornaron cada vez más defensivas frente a los saldos terribles que empezaban a dejar las políticas de ajuste estructural. El hambre, la violencia y la falta de trabajo se convirtieron en problemáticas estructurales de las bases sociales organizadas. Como consecuencia, la formación política revolucionaria retrocedió y fue desjerarquizada.

El contexto latinoamericano de principios del siglo XXI, el ascenso de la movilización popular, las irrupciones antineoliberales y el fortalecimiento de los movimientos populares, pusieron nuevamente en relieve la importancia de la unidad de nuestros pueblos y la integración latinoamericana y caribeña como proyecto inconcluso desde las gestas independentistas. Pero aún nos falta mucho por andar. El capitalismo, las empresas multinacionales, el establishment económico y político global, cuentan con una estrategia global que articula diferentes planos de intervención sobre nuestros pueblos y nuestros territorios. Por eso entendemos que la respuesta solo puede ser la construcción de una estrategia global.

Por eso es que cientos de movimientos populares del Sur Global hemos construido la Asamblea Internacional de los Pueblos (AIP), desarrollando desde allí centros de investigación, agencias informativas, brigadas internacionales, proyectos editoriales y escuelas de formación política —hoy son ya una decena— en diferentes países de Asia, África y América Latina y el Caribe. El Seminario Internacional «Nuevas doctrinas de intervención: geopolítica e imperialismo en América Latina y el Caribe», así como este mismo libro, son fruto de estos procesos. Las escuelas y actividades de formación son, en particular, un pilar desde donde se refuerzan los valores de la solidaridad, el compañerismo, la disciplina militante y las prácticas comunitarias.

Por último, quisiéramos plantear la importancia de asumir una perspectiva internacionalista en nuestra militancia cotidiana, como lo hicieron grandes referencias a lo largo de nuestra historia continental: desde Bolívar, Artigas, San Martín, Juana Azurduy, Monteagudo, Manuela Sáenz, el Che, Apolônio de Carvalho, hasta la miríada de médicos y médicas cubanas que trabajan hoy, de manera tenaz y solidaria, en diferentes partes del mundo. En tiempos de incertidumbre, dificultades estratégicas y futuros sombríos, fortalezcamos nuestras convicciones revolucionarias y practiquemos una solidaridad desinteresada, que es el mayor gesto de amor y de felicidad que una persona puede vivir.

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* Por João P. Stedile, Jacqueline Gómez y Manuel Bertoldi

Coordinación editorial: Lautaro Rivara y Fernando Vicente Prieto

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