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Pelear con jazz en la América blanca

Amiri Bakara fue un escritor y revolucionario negro que combatió con firmeza la dominación blanca en los Estados Unidos. Entre su prolija obra poética y política se encuentra Black Music. Free jazz y conciencia negra (1959-1967). Un conjunto de agudos ensayos alrededor del jazz, la libertad y la rebelión. Una reseña de Tomas Bernier Parodys.

El libro Black Music, free jazz y conciencia negra (1959-1967) editado por Caja Negra y escrito por el poeta, novelista, ensayista, músico y activista político Amiri Baraka1 (1934-2014) recopila algunos afilados ensayos que giran en torno a la escena del free jazz y a la manera en la que este género se pudo erigir como una expresión propia de la cultura afroamericana, abandonando la apropiación de la América blanca sobre el género.

Sobre esto, Nina Simone alguna vez dijo que “jazz” fue un término creado por los blancos para definir a la música negra, pero lo que en realidad suena es la música clásica negra surgida en las entrañas de New Orleans por manos esclavizadas. Es así como los negros tocaron jazz, blues o simplemente gritaron cánticos en las plantaciones de la América esclavista en tanto “era una de las pocas áreas de expresión humana a su disposición” (p.14).

En ese sentido, y atendiendo al Karl Marx que afirma que la conciencia de las personas no determina su existencia, sino que por el contrario la existencia social es la que determina su conciencia, el jazz fue durante mucho tiempo la manera en la que los negros trataban de existir en una sociedad racista como la estadounidense. El jazz fue usado para “protestar por su lugar en la sociedad y promover el cambio […] siempre y cuando los afroamericanos continúen haciendo música, continuarán reflejando su lugar en la sociedad americana y el deseo por cambiarla” (Baskerville, 1994, p. 496). Eso es, precisamente, lo que Baraka busca retratar: el jazz más allá del estricto carácter musicológico o estético y apreciarlo en función de la intención social y cultural de la música negra.

Esta recopilación de ensayos ocurre entre tabaco y whiskey de oscuros bares, entre el KKK, las Panteras Negras, Malcolm X, Rosa Parks y Martin Luther King Jr. Pero también entre la Revolución Cubana, la Vietnam rebelde, los movimientos de liberación de Nkrumah o Touré. Entre Solo Monk, Kind of Blue y My Favorite Things; sucede en momentos de intensa discusión cultural y política que están presentes en cada palabra. El autor, de esta manera, se encuentra en el epicentro de discusiones importantes sobre el nacionalismo negro y la cultura, a la vez que es testigo de esa transición entre el jazz de los clásicos (Billie Holiday o Coleman Hawkins) y los líderes de la nueva vanguardia (Coltrane, Ornette Coleman, etc.).

Por otra parte, Baraka también era crítico de la manera en la que grupos como The Rolling Stones y The Beatlesusurparon la música y la energía que traía la cultura negra, específicamente con el caso de Chuck Berry. En medio de este panorama, Baraka escribe: “una de las cosas más incomprensibles de los Estados Unidos es el hecho de que, a pesar de su perfil esencialmente despreciable, todavía exista aquí tanta belleza” (p.63).

Los textos de Baraka nos sumergen en el Lower East Sidedel Nueva York de los cincuenta y sesenta, en pequeños bares casi clandestinos como el Minton’s, Slug’s, el Village Vanguard,el Whaleo el legendario Five Spot Café que eran testigos del encuentro y la fascinante liberación musical de músicos del calibre de Ornette Coleman, John Coltrane, Thelonious Monk, Sonny Rollins o el mítico Miles Davis.

Eran, pues, lugares donde se exaltaba la libertad del jazz y la improvisación de músicos negros y, por ende, no convocaban a los pretenciosos críticos blancos que prefieren escuchar a Lambert, Hendricks o a Brubeck (Baraka, 2013). En efecto, la constante presencia de Baraka en estos bares y lofts le permitió desarrollar una gran crítica —valga la redundancia— a los críticos musicales blancos que monopolizaban el debate sobre un mundo que les era ajeno. En el primer capítulo el autor expone: “la mayoría de los críticos de jazz han sido americanos blancos, mientras que los músicos más importantes no” (p.13).

Sin duda es problemático, pues a los ojos de los blancos, en una sociedad fundamentalmente racista, el jazz negro, improvisado, atrevido y libre es simplemente de “mal gusto”. Se despoja así de todo carácter cultural y político a un género desarrollado por afroamericanos; “los críticos se han preocupado primero por la apreciación de la música antes que por entender la actitud que la produjo” (p.15). De esta manera, se ve al jazz como un arte folclórico y carente de filosofía sociocultural.

Baraka señala, por otra parte, que otro defecto de la crítica blanca es que ha sido escrita por hombres que no han sido más que intelectuales pequeñoburgueses que establecen estándares de excelencia provenientes de la clase media para un género que, esencialmente, “es una antítesis de estos estándares” (p.17). Por ello, dice Baraka, no terminan de comprender el fundamento psicológico en las expresiones, por ejemplo, del bebop. Les resulta inconcebible escuchar esos sonidos como si fueran los sentires de una generación entera de personas negras en Estados Unidos. Para finalizar este capítulo, el autor señala que esta crítica blanca, que representa el pensamiento de los burgueses blancos estadounidenses, desvía la discusión sobre las formas de pensar y hacer la música para discutir quién la hace “bien” (usualmente los músicos blancos) y quién “mal”(usualmente músicos negros):

La crítica blanca ha sido incapaz de entender, por ejemplo, que Paul Desmond y John Coltrane representan no solo modos divergentes de pensar la música, sino también, y más fundamentalmente, dos modos diferentes de ver el mundo […]. La necesidad de la música de Coltrane debe ser entendida incluso antes de ser expresada en forma de música. La música es el resultado de la actitud, de la postura. Del mismo modo que los negros crearon el blues y no otra gente, gracias a su particular modo de ver el mundo.

Posteriormente, Baraka expone los perfiles del presente y el futuro del jazz, recogidos en el ensayo “La avant-garde del jazz” en donde habla de los ya consagrados, como son Sonny Rollins, Miles Davis, Thelonious Monk y John Coltrane. Estos dos últimos como las “fuentes de inundación que trae lo nuevo, como dijo Mao sobre la Revolución, puedo verla como un barco no tan distante en el horizonte” (p.10). Todos estos sentidos homenajes van acompañados de recomendaciones de álbumes y canciones a través de los cuales los lectores pueden acercarse a estos grandes artistas.

También se rescata la figura de Billie Holiday, la «oscura dama de los sonetos», quien cantaría el memorable tema Strange Fruit, considerada la primera canción antirracista y que en solo tres estrofas logra destrozar a quien la oye:

De los árboles del sur cuelga una fruta extraña. / Sangre en las hojas, y sangre en la raíz. / Cuerpos negros balanceándose en la brisa sureña. / Extraña fruta cuelga de los álamos. / Escena pastoral del valiente sur. / Los ojos saltones y la boca retorcida. / Aroma de las magnolias, dulce y fresco. / Y el repentino olor a carne quemada. Aquí está la fruta para que la arranquen los cuervos. / Para que la lluvia la tome, para que el viento la aspire, para que el sol la pudra, para que los árboles la dejen caer. / Esta es una extraña y amarga cosecha.

La segunda sección del libro, Black Music, presenta a los mayores prospectos del jazz como Wayne Shorter, Dennis Charles o Bobby Bradford, quienes fueron los jóvenes que cambiarían el rumbo del género y que, en medio del clima político y de transformaciones culturales, buscaron unas transformaciones mientras “luchaban por progresos reales en todo el mundo. Y por la lucha que se había desatado en los Estados Unidos contra el racismo y la opresión nacional luego del asesinato de Malcolm X” (p.10).

Estos músicos eran parte de una generación que quería transformar y que lograron traer la revolucionaria apropiación de la música negra como legado y tesoro del pueblo afroamericano que “valorara las canciones como himnos históricos de nuestras vidas y de nuestras luchas” (p.11). Todo bajo una consigna clara:

¡Abajo la canción pop! ¡Abajo los cambios de acorde regulares! ¡Abajo la escala temperada! […] ahora tocarían libremente. ¿Libremente? Por supuesto. Había sido nuestra filosofía, nuestra ideología, nuestra estética, desde la esclavitud. Y en este momento de la historia lo gritábamos de nuevo: ¡Free jazz! ¡Freedom Suite! ¡Freedom Now! (Baraka, 2013, p.11)

El libro finaliza con una entrevista que Calvin Reid le hace a Amiri Baraka 50 años después de la publicación de los ensayos recopilados y en los que se ahonda en el trasfondo político que motivó al autor, sus apreciaciones sobre la evolución de la música negra “americanizada” y el panorama con movimientos como el hip-hop que pueden llegar a dialogar con el jazz.

El jazz más allá de ser la música de fondo en la lucha de los afroamericanos contra la América racista es, más bien, otra de las maneras de pelear contra las injusticias, liberarse y manifestar lo que siente la gente negra en una sociedad que les aborrece. El libro de Baraka es un testimonio fiel de esta época dorada en la que emergieron grandes artistas y cuya creatividad llevó al jazz a otro nivel de discusión y profundidad. Las “viejas improvisaciones colectivas […] la trompeta solista, el clarinete tejiendo, el trombón se luce […] y se conectan directamente con la África negra libre” (p.197).

A continuación, presentamos la “breve discografía de la New Black Music” consignada hacia el final del libro y que, de igual manera, es nutrida por Lanzas con artistas que Baraka no añadió pero que consideramos relevantes en el contexto del jazz.

Charlie Parker:

  • The Inmortal Charlie Parker (1955).
  • April in Paris (1957).
  • Night and Day: the genious of Charlie Parker (1957).

Louis Armstrong:

  • New Orleans Nights (1957).
  • The Great Reunion (1963).
  • What a Wonderful World (1968).

John Coltrane:

  • Giant Steps (1960).
  • My favorite things (1961).
  • Live at Birdland (1963).
  • A Love Supreme (1965).
  • Meditations (1966).

Miles Davis:

  • Milestones (1958).
  • Kind of Blue (1959).
  • Someday My Princess Will Come (1961).
  • On Savoy: Charlie Parker & Miles Davis (2022).

Thelonious Monk:

  • Solo Monk (1964).
  • It’s Monk’s Time (1964).
  • Straight, No Chaser (1967).

Nina Simone:

  • Four Women (1966).
  • Backlash Blues (1967).
  • Nina Simone live at Montreux (1976).

Wayne Shorter:

  • Speak no evil (1966).
  • Addam’s Apple (1967).

Billie Holiday:

  • Strange Fruit (1957).
  • All of me (1957).

Sun-Ra:

  • Secrets of the Sun (1965).
  • The magic city (1966).
  • Art Forms of Dimensions Tomorrow (2014).

Sonny Rollins:

  • What’s New? (1962).
  • Our Man in Jazz (1962).

Charles Mingus:

  • Blues and Roots (1960).
  • The complete Town Hall concert (1962).
  • The Black Saint and the Sinner Lady (1963).

Ella Fitzgerald:

  • Ella and Louis (1956).
  • Rythm is my Business (1962).

Art Blakey and The Messengers:

  • Moanin (1959).
  • Mosaic (1961).

Baraka, A. (2013). Black Music: Free jazz y conciencia negra (1959-1967). Caja Negra.

Baskerville, J. (1994). Free Jazz: a reflection of black power ideology. Journal of Black Studies 24 (4), pp.484-497.

Marx, K. (1970). A contribution to the critique of political economy. International Publishers.


1. Cuyo nombre de nacimiento fue LeRoi Jones.

Autor

Tomas Bernier, estudiante de Ciencia Política y editor en Lanzas y Letras.