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Más allá de la “colombianización de México”

La “colombianización de México” es un término tan controvertido como vigente. La antropóloga Nohora Caballero nos propone un análisis que lo relaciona con el narcotráfico, el paramilitarismo y la injerencia de los Estados Unidos en ambos paises.

Por Nohora Caballero*. El término acuñado en la jerga popular mexicana, desde la academia, los mass media, y la población en general de la “colombianización de México”, desde hace ya más de una década, lleva consigo un imaginario social alrededor no solo de la estrecha relación del narcotráfico con el Estado mexicano, sino también por la conformación de grupos paramilitares; realidades que se identifican directamente con Colombia, con sus gobiernos y los métodos de represión usados por el establecimiento para despojar territorios y que algunos asocian a un periodo superado, sin embargo, como se viene denunciando por distintas organizaciones de derechos humanos y los sistemáticos asesinatos que se están dando en territorios con alta movilización social, los grupos paramilitares se están reorganizando aunque el Estado colombiano se niegue a reconocerlo públicamente.

En este sentido, el término alude a lo que algunos consideran como la peor época de Colombia, con al aumento de la violencia, el sicariato y al narcotráfico. En México las organizaciones sociales han denunciado cómo organismos paraestatales son instrumentos de represión y control de la protesta social, para silenciar el descontento de la población, frente a tantas políticas de despojo privado y extranjero que año tras año se ha venido acrecentando en este país vecino. En los últimos años han venido emergiendo Autodefensas en Estados como Michoacán y Guerrero, los primero luego de ingresar en distintos municipios de este Estado fueron “legalizados” por el gobierno[1], haciendo su ingreso de manera legal en compañía del ejército y la Policía Federal, lo cual le restó legitimidad –que en algunos sectores de la sociedad tenía- a su proclama de organizarse para defender a la población. El profesor Ackerman (2014) contradice esta visión y señala que este intento de coacción de las autodefensas por parte del gobierno no ha logrado su cometido, y que por el contrario hay una sinergia entre las comunidades y las autodefensas, lo cual lo diferencia contundentemente con las Autodefensas colombianas.

El termino de “colombianización de México” hace ruido en algunos sectores académicos y también del movimiento social, al considerarse que el mismo más que describir una realidad, oculta y desconoce el contexto histórico en el que se ha dado la corrupción, el narcoestado y el paramilitarismo en México, que si bien tiene similitudes como se expresa en Colombia, esto atiende a particularidades de ambos países. En un sentido riguroso del análisis esta observación es pertinente, sin embargo, no se puede desconocer que las similitudes que tenemos en ambos países tienen en común la política antidrogas Estadounidense. En 1973 el presidente Nixon declaró la guerra contra las drogas, y en 1986 el presidente Reagan “declaró al comercio de drogas como una amenaza a la seguridad nacional de los Estado Unidos” (Loveman, 2010: 13), lineamientos desde los cuales se han dirigido políticas bilaterales de intervención en nombre de la “seguridad nacional”, acompañadas de la intensificación del modelo económico neoliberal.

Con el argumento de la guerra contra las drogas EE.UU ha invertido no sólo económica sino militarmente en el que Colombia ha sido su ratón de laboratorio en el cono sur, en tanto América Latina se configura como espacio territorial geoestratégico para el mismo (Delgado y Romano, 2011). Su caballito de batalla fue el Plan Colombia bajo el supuesto del “fortalecimiento de los pilares democráticos”, sin embargo, en la práctica en los campos de nuestros territorios sus pobladores indígenas, afros y campesinos vieron cómo ésta no fue más que una estrategia de despojo de los territorios, de persecución a los pequeños cultivadores, de invasión a la soberanía nacional, contaminación de cultivos y fuentes de agua, se incrementó la violencia social y armada contra las comunidades, las condiciones de seguridad se agravaron y la respuesta de la política bilateral fue el incremento del pie de fuerza militar potenciado con el Plan Patriota ahora bajo la consigna de la “seguridad democrática”, incrementándose de manera paralela el desplazamiento forzado, los arrestos masivos, las coacción gubernamental con grupos paramilitares[2] e innumerables casos de violaciones de derechos humanos. Contrario a su supuesto de “guerra contra las drogas”, la comercialización y el consumo de las mismas continuaban en aumento; en gran medida por la hipocresía del gobierno estadounidense quienes se beneficiaban de esta guerra no sólo políticamente en el control hemisférico ejercido desde Colombia, sino también económico al comercializar los elementos químicos necesarios para la aspersión aérea del glifosato, la erradicación forzada y todo el equipamiento bélico.

En este contexto internacional no es casual que la secretaria de Estado para el 2010 Hillary Clinton, haya pronunciado en septiembre de ese año que México se parecía cada vez más a la Colombia de hacía 20 años; por el control de ciertos territorios por los capos. Justo dos años después de firmado el acuerdo bilateral entre EU y México: la Iniciativa Mérida, la cual se perfiló en el mismo tono del Plan Colombia; saquear recursos, militarizar territorios para el control de esta zona geoestratégica y para suprimir la emergencia de protestas sociales. Precisamente México es uno de los cuatro principales países exportadores de petróleo hacia EU, que ubica a México en un papel de dependencia y subordinación económica frente al flujo del capital del primero, afianzado por el servilismo de los gobernantes que disponen política y económicamente el aparato estatal para la expropiación de recursos y la implementación de la política de seguridad estadounidense.

Así, la Iniciativa Mérida, en tanto política bilateral de EU, se perfiló en el mismo sentido del Plan Colombia; el argumento de la Iniciativa Mérida fue combatir el “narcotráfico” y el “crimen organizado”. Paradójicamente hemos visto cómo son concurrentes las denuncias y noticias de la coacción del crimen organizado y el narcotráfico con las instituciones del Estado, y el aumento de asesinatos y represión de defensores de derechos humanos y al movimiento social. En palabras de Delgado y Romano “[…] esos programas de seguridad/‘cooperación’ promovidos por EU, están diseñados para generar una inestabilidad social interna que no amenaza el status quo de los principales grupos de poder locales” (2011: 93). Discurso de la seguridad interna garantizada por EU que implica la presencias de sus tropas militares en toda la región latinoamericana, Colombia y México han sido su talón de Aquiles, desde donde expande su presencia para el control de la región en alianza militar con otros países de centro y su América, “previniendo que no se expanda en la región el peligro criminal narco-insurgente”, para ello militarizan y paramilitarizan.

Ésta Iniciativa se firmó en 2007, año desde el cual EU ha invertido 2 mil 624 dólares[3] para combatir el narcotráfico, “las transferencias financieras y de equipo militar coincidieron con el periodo en que escalaba la guerra contra el narcotráfico en México y cuando se disparó la violencia que dejó miles de muertes en el calderonismo” (La Jornada, 2017). La llegada a la Casa Blanca de Donald Trump inserto nuevos elementos a la política internacional y para este caso a los acuerdos bilaterales con México, quien anunció la revisión del destino de los fondos transferidos de EU a México en los últimos 5 años. Esto último llega a calentar más los ánimos en medio de la crisis económica y social que está viviendo México con una serie de políticas de ajuste tributario, aunado al aumento del precio de la gasolina, más conocido como “gasolinazo”, en el que hemos visto una explosión de protestas en diferentes estados mexicanos. Explosiones que aún faltan articularse y pasar a acciones políticas, en medio de un amplio sentimiento de indignación por toda la violación de derechos humanos y la impunidad en el que se encuentra.

Esa “colombianización de México” que algunos señalan, nos lleva a ubicarnos como países en los que los gobiernos de turno han sido serviles a los intereses geoestratégico de EU en la región, con el incremento de la militarización y paramilitarización de nuestros territorios y la contigua sistemática violación de derechos humanos; países en los que el movimiento social ha salido al paso no solo como actores contenedores de esas nefastas políticas, sino propositivos a la construcción de país en condiciones de vida digna, desde el campo y la ciudad; con claras proyecciones a la articulación regional latinoamericana.

*Nohora Caballero es antropóloga y magister de la misma disciplina; integrante del área de formacion del Instituto de Investigación-Acción en Procesos Educativos y Sociales (IAPES) “Simón Rodríguez en Popayán

Notas al pie:

[1] http://www.semana.com/mundo/articulo/paramilitares-colombianos-mexicanos-los-factores-en-comun/380367-3

[2]http://www.hchr.org.co/documentoseinformes/documentos/informe2003/DeclaracionPresidenteComisionES.pdf Véase también: http://www.hchr.org.co/documentoseinformes/informes/altocomisionado/Informe2004_esp.pdf

[3] http://www.jornada.unam.mx/2017/01/27/politica/006n1pol

Referencias:

Ackerman, John M. (2014) “Autodefensa popular”. La Jornada. http://www.jornada.unam.mx/2014/01/20/opinion/022a1pol

Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derecho Humanos. “Situación de los derechos humanos en Colombia” http://www.hchr.org.co/documentoseinformes/documentos/informe2003/DeclaracionPresidenteComisionES.pdf 21 de abril de 2004.

Informe de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derecho Humanos sobre la Situación de Derechos Humanos en Colombia , http://www.hchr.org.co/documentoseinformes/informes/altocomisionado/Informe2004_esp.pdf 28 de febrero de 20015

COSECHA ROJA (2014) “La mentira de la colombianización” http://cosecharoja.org/la-mentira-de-la-colombianizacion/

Uhthoff López, Luz María. “La revolución mexicana en diferentes perspectivas de la historia regional”. Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Iztapalaca, México. Signos Históricos, núm. 21, enero –junio 2009, pp. 8-11. En: Redalyc.org, ISSN: 1665-4420

La Jornada (2017) “Efecto Trump hace declinar la Iniciativa Mérida” http://www.jornada.unam.mx/2017/01/27/politica/006n1pol

Loveman, Brian (2011). Adictos al Fracaso. Política de Seguridad de Estados Unidos en América Latina y la Región Andina. Revista El Cotidiano, Nº 170, Noviembre- diciembre 2011.

Delgado-Ramos, Gian Carlo y Romano, Silvina María. Plan Colombia e Iniciativa Mérida: negocio y seguridad interna. En: Revista electrónica El Cotidiano, noviembre-diciembre, 2011.

Pagani, Alessandro (2015) “Desde la Alianza del Pacífico hacia un acuerdo del Transpacífico” ALBA https://albainformazione.com/2015/05/11/desde-la-alianza-del-pacifico/

Revista Semana (2014). “Autodefensas de México ¿Reflejo de las colombianas?” http://www.semana.com/mundo/articulo/paramilitares-colombianos-mexicanos-los-factores-en-comun/380367-3

Embajada y Consulados de Estados Unidos en México. “Iniciativa Mérida”. https://mx.usembassy.gov/es/nuestra-relacion/temas-bilaterales/iniciativa-merida/

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Producción editorial del equipo de la Revista Lanzas y Letras. www.lanzasyletras.com