Colombia, una paz imperial: Entrevista a Alberto Pinzón

La paz, junto con la guerra, son términos que no salen, en su polifonía, del discurso de la historia de Colombia. Adentrarnos en lo más trémulo de las negociaciones de paz tal vez sea una forma de entender el país que tenemos. En entrevista con Alberto Pinzón, medico y antropólogo, hablamos de ello. Aquí va nuestra primera entrega.

Alberto Pinzón Sánchez, antropólogo y médico colombiano, es quizá una de las pocas personas que conoce desde las entrañas los emarañados y complejos conceptos de paz, guerra y negociación en Colombia. Participó de la Comisión de Notables que el ex presidente Andrés Pastrana y las FARC acordaron cuando ya los diálogos del Caguán parecían estar más perdidos que nunca y como crítico del gobierno paramilitar de Uribe Vélez hoy en día está exiliado en Europa. Desde Lanzas y Letras quisimos conversar con él a propósito de la evaluación de lo que son ya 3 años y medio del logro más menoscabado en la historia reciente del país y lo que experiencias pasadas pueden decir del sistemático incumplimiento de los Acuerdos de Paz. Esta es la primera entrega.

Los procesos de paz en Colombia son un tema repetitivo en la agenda pública, social y política, atañen tanto a las clases dirigentes enraizadas en el Estado como a los movimientos y organizaciones sociales. En su experiencia como uno de los notables más destacados del proceso de paz de 1997, ¿Cuáles creen que son las enseñanzas que el sector social tiene hoy de dichos procesos?

Durante el proceso del Caguán, el presidente Pastrana y Marulanda Vélez, debido a las diversos vaivenes de los diálogos, deciden reunirse personalmente el 8 y 9 de febrero en la localidad de Los Pozos, dentro de la zona de distensión, con el fin de destrabar los diálogos y hacerlos avanzar. Para tal fin, firmaron frente a aproximadamente 200 periodistas de todo el mundo, un documento de 13 puntos titulado “Acuerdo de Los Pozos”, en el que ratifican su voluntad de perseverar en una salida política al conflicto teniendo como prioridades “disminuir su intensidad” y “acabar con el paramilitarismo”. En el punto 3 de este acuerdo se estableció la conformación de la comisión bilateral de personalidades, que al constituirse los periodistas llamaron de los Notables. Varios nombres fueron seleccionados hasta que finalmente ambas partes llegaron al acuerdo que conformó dicha comisión para la cual fui escogido. Hoy 21 abril 2020, después de haber corrido bastante agua bajo los puentes y de haberse firmado en noviembre de 2016 un Acuerdo de paz entre el Estado colombiano y las FARC-EP, en presencia de la comunidad Internacional, cuyo texto reposa en Ginebra Suiza, es para mí un acto de memoria histórica volver a leer el texto del Acuerdo de los Pozos, contra la amnesia general que se quiere imponer como relato, contra el negacionismo del conflicto que promueve el gobierno de turno y, para recordar todos los días el genocidio sistemático cotidiano, gota a gota, de líderes sociales y guerrilleros reinsertados que muestra a todo el mundo o globo como lo llaman ahora, que el narcoparamilitarismo oficial sigue intacto.

Y para tal lo trascribo:

TEXTO DEL ACUERDO DE LOS POZOS 9 de febrero de 2001

1. El Gobierno Nacional y las FARC-EP ratifican su voluntad de continuar el proceso de paz que busca la solución del conflicto por la vía del diálogo y la negociación en procura de construir una Colombia en desarrollo y con plena justicia social.

2. Tras una evaluación conjunta del proceso identificamos logros y debilidades y coincidimos plenamente en que éste ha generado bases sólidas sobre las cuales se debe continuar buscando la reconciliación nacional.

3. El Gobierno y las FARC-EP coinciden en la importancia de avanzar en las discusiones sobre los mecanismos para acabar el paramilitarismo y disminuir la intensidad del conflicto. Para tal efecto, la Mesa de Diálogo y Negociación creará una comisión con personalidades nacionales que les formulen recomendaciones en estas dos direcciones.

4. Las FARC-EP descongelan el funcionamiento de la Mesa de Diálogo y Negociaciones.

5. Acordamos que la Mesa de Diálogo y Negociación reinicie sus labores el 14 de febrero retomando los temas sustantivos de la Agenda y entre a discutir el cese del fuego y las hostilidades.

6. Se agilizará la concreción del acuerdo humanitario que permita la próxima liberación de soldados, policías y guerrilleros enfermos.

7. Con el fin de que las negociaciones no se vean interrumpidas, la Mesa Nacional de Diálogos y Negociación creará de su seno una comisión encargada de estudiar los hechos que afecten la marcha del proceso. Esta comisión se creará, a más tardar, el 15 de febrero.

8. La Zona de Distensión ha sido establecida exclusivamente para el desarrollo del proceso con plenas garantías y seguridades para las partes. La Mesa Nacional de Diálogo y Negociación, a más tardar el 15 de febrero, creará un mecanismo de su seno que periódicamente evalúe el informe a la opinión sobre el cumplimiento y el propósito de la zona.

9. Entendiendo la importancia de la comunidad internacional para que el proceso de paz en Colombia tenga éxito, invitamos para el próximo 8 de marzo a un grupo de países amigos y organismos internacionales para informarlos sobre el estado y evolución del proceso e incentivar su colaboración. La Mesa Nacional de Diálogo y Negociación determinará la regularidad de estas reuniones.

10. Las FARC-EP no se oponen a los proyectos de erradicación manual y de sustitución de cultivos ilícitos, pero reitera que un proceso tal debe adelantarse de común acuerdo con las comunidades. El Gobierno Nacional y las FARC coincidimos en la importancia estratégica de trabajar en la protección y recuperación del medio ambiente.

11. El Gobierno Nacional y las FARC-EP invitan a las fuerzas políticas firmantes del acuerdo de Caquetania, el día 28 de febrero, a reunirnos en Los Pozos para dinamizar el proceso. Reiteramos nuestra invitación a todas aquellas personalidades y organizaciones nacionales escépticas del mismo a intercambiar sobre los aportes de todos los colombianos a la reconciliación nacional.

12. La Mesa de Diálogo y Negociación podrá ser ampliada de común acuerdo y sesionará por lo menos tres veces a la semana.

13. Convocamos a todos los colombianos a rodear este esfuerzo común que puede conllevarnos a la superación del conflicto que nos afecta.

Firmado

ANDRES PASTRANA ARANGO. Presidente de la República

MANUEL MARULANDA VELEZ. FARC-EP

Sobre la valoración del proceso paz del Caguán, como es un asunto histórico complejo y contradictorio, he escrito varios textos que puedo resumir en dos opiniones escritas y publicadas ampliamente: Una, el capítulo titulado mi experiencia del Caguán que está en mi pequeño libro “Salvo la ilusión todo es el poder” de Ediciones FICA Bogotá del 2011. Y otro, el texto publicado en un artículo publicado en la página web, el cual cito:

Llamo experiencia del Caguán a aquel proceso de diálogo y negociaciones entre el gobierno del Presidente Pastrana 1998- 2002 y las guerrillas de las FARC, realizado entre 1998 y 2002 en la zona desmilitarizada de la región andina amazónica del río Caguán, y que como toda experiencia humana ha dejado a ambas partes ricas enseñanzas de todo tipo.

La primera y más importante consideración que se debe hacer al iniciar su evaluación es tener en cuenta que el proceso actual de transnacionalización de la economía colombiana y la profundización de la dependencia tanto económica como política y militar del Estado colombiano respecto al gobierno de los Estados Unidos, se había iniciado 25 años atrás. Además, que la actual guerra contrainsurgente se inició en 1964 durante el gobierno conservador de Guillermo Valencia, con el bombardeo contra 48 campesinos de las regiones agrarias de Marquetalia, el Pato y el río Guayabero, mediante un plan militar de guerra aérea y «helico-transportada» llamado Laso (Latin American Security Operation). Esta guerra contrainsurgente, a su vez, había tenido dos intentos serios de solución por la vía de los acuerdos que terminaron frustrados, como fueron los procesos de 1984 con el presidente Betancur y en 1991 con el presidente César Gaviria. Era pues un tercer intento de solucionar mediante diálogos y acuerdos lo que se ha dado en denominar el histórico conflicto social y armado de Colombia.

Lo segundo es ver cómo durante toda la experiencia del Caguán los aspectos internaciones o externos dominados por la política estadounidense se sobrepusieron a los aspectos internos o domésticos de Colombia, hasta llegar a sobre determinarlos. El antecedente más inmediato es el gobierno liberal de Samper, quien pretendió adecuar los excesos neoliberales y aperturistas de su antecesor César Gaviria, adelantando una política macroeconómica heterodoxa de neoliberalismo “con rostro humano”.

Sin embargo, su administración se vio envuelta desde su inicio en el conocido escándalo de la financiación de su campaña presidencial por parte del narcotráfico, conocido como el Proceso 8.000, destapado por su adversario conservador Pastrana y utilizado hábilmente por el gobierno de los Estados Unidos para obtener todo tipo de concesiones económicas, políticas y militares favorables a su política exterior, sumiendo toda esa administración en una prolongada crisis de gobernabilidad y debilidad del poder central frente a los poderes regionales, la mayoría ya dominados por los narcoparamilitares y sus aliados en ascenso, y frente a los cuales Samper debió darles innumerables prebendas y concesiones para poder concluir su tambaleante y condicionado gobierno.

Pese a todas las concesiones obtenidas, el gobierno de los EE. UU. catalogó a Colombia como país paria, lo descertificó y retiró la visa al presidente Samper. El general Harold Bedoya Pizarro, ministro de Defensa del gobierno de Samper, comandante del ejército y luego de las fuerzas militares, ampliamente conocido por sus vinculaciones con la estrategia paramilitar del Estado, en nombre de sus subordinados dijo que se sentían «deshonrados» con su presidente y le negó autoridad moral para darles órdenes, mientras continuó profundizando el plan estratégico contrainsurgente de expansión paramilitar, y sus aliados políticos locales y regionales de ambos partidos a quienes unos años después el mundo conocería como los parapolíticos, recibieron del gobierno todas los auxilios presupuestales posibles para que declararan inocente al presidente Samper en el juicio político que la Fiscalía inició ante el Congreso. Asimismo, los grandes empresarios colombianos llamados «cacaos» condicionaron su apoyo institucional a cambio de políticas favorables a sus respectivos negocios agrícolas, ganaderos, bancarios e industriales.

Por su parte las FARC, que después del bombardeo a Casa Verde ordenado por el presidente César Gaviria, el día de la convocatoria a la asamblea constituyente de 1991, se habían reorganizado en la región de los ríos Caguán y Yarí, aprovecharon la situación general para iniciar una serie de ataques exitosos y copamientos a bases y puestos militares ubicados en las selvas andinas y amazónicas colombianas, que fueron sobre dimensionados por los medios de comunicación del régimen y sus intoxicadores de opinión, quienes vieron en la guerrilla de las FARC el fantasma de un salto militar hacia una guerra de posiciones inexistente, que amenazaba seriamente no sólo al Estado colombiano, sino la seguridad hemisférica. Pero cuyo objetivo inmediato consistía en aumentar las aprehensiones dentro de los círculos políticos y militares gobernantes en EE. UU., con el fin de justificar la preparación de un plan político militar que respondiera a semejante amenaza.

Así, en las oficinas de planeación del complejo militar industrial y financiero estadounidense empieza a configurarse el Plan Colombia. Pastrana, asesorado por sus tres más importantes tecnócratas trasnacionales graduados en Harvard: Luis Alberto Moreno, ligado al BID; el diplomático Guillermo Fernández de Soto y el ingeniero planificador Jaime Ruiz Llano, elabora una propuesta electoral para superar el llamado narcoescándalo 8.000, la violencia y la recesión del gobierno de Samper. Superar la inflación y reabrir los canales de financiamiento e inversión extranjera sin modificar el neoliberalismo establecido, centrando su promesa electoral en una pronta paz con las FARC.

En un país así, no fue difícil en 1998 su triunfo electoral frente a Horacio Serpa, el candidato liberal ligado estrechamente al “samperismo”. Mientras tanto en los EE. UU. los más altos cargos de la segunda presidencia de Bill Clinton (1997–2001), el ex jefe del comando Sur y a la fecha zar antidrogas, general Barry Mc Caffrey, junto con el jefe del comando sur general Charles Wilheim, sostenedores de una línea dura antinarcóticos y contrainsurgente, acordaban con la secretaria de Estado Madeleine Albright y su subsecretario para asuntos políticos Thomas Pickering sostener diálogos de paz combinados con una fuerte presión militar que exigía una profunda reingeniería del ejército colombiano, lo cual se conoció en Colombia con la famosa frase suya de “zanahoria y garrote”.

Esta línea estratégica y su financiamiento se discutieron ampliamente en los altos círculos políticos estadounidenses, hasta que finalmente se aprobó mediante un acuerdo bipartidista entre demócratas y republicanos. La primera de muchas otras visitas diplomáticas del nuevo presidente Pastrana fue a Washington para hablar con el presidente Clinton, y el Plan de Desarrollo Social prometido a los colombianos durante la campaña electoral, plasmado en un documento por el jefe de planeación nacional Jaime Ruiz Llano, también se llevó a Washington para ser consensuado en inglés directamente con Albright, según el acuerdo bipartidista estadounidense. El resultado fue la versión en inglés de 1999 titulada “Plan Colombia”, que debió ser explicada a los colombianos infinidad de veces por el propio presidente Pastrana.

Posteriormente en 2001, cuando las conversaciones del Caguán estaban en su etapa terminal, se agregó al inicial Plan Colombia una tercera estrategia, la antiterrorista, ordenada por el nuevo presidente de los EE. UU. George W. Bush. Los guerrilleros dejaron de ser narcoguerrilleros, para convertirse simplemente en terroristas.

Los contactos de Pastrana durante la campaña electoral con la dirigencia de las FARC se concretaron en 5 acuerdos principales:
Uno, desmilitarizar cinco municipios de la región del Caguán conocida como «la zona desmilitarizada» donde instalar oficialmente una mesa de diálogos y negociaciones de paz entre el Estado y las FARC.

Dos, desarrollar los diálogos y las negociaciones en medio de la guerra fuera de la zona desmilitarizada. Tres, definir una agenda común de negociaciones.

Cuatro, alcanzar acuerdos mínimos para un nuevo Estado por medio de trasformaciones estructurales.

Quinto, conformar una comisión internacional facilitadora integrada por delegados de Canadá, Cuba, España, Francia, Italia, México, Noruega, Suecia, Suiza y Venezuela.

Inicialmente, el presidente Pastrana logró obtener importantes apoyos de los llamados gremios económicos, los partidos políticos y un sector de los militares, además de generar grandes expectativas en la comunidad internacional. Pero pronto y a medida que el tan accidentado proceso de negociaciones se desarrolló, estos apoyos internos se convirtieron en franca oposición y hasta en una división dentro del régimen gobernante.

Existen diversas cronologías periodísticas sobre los abundantes hechos acaecidos entre el 7 de enero de 1999, día de la instalación oficial de la mesa en San Vicente, y el 21 de febrero de 2002, fecha de la terminación oficial del llamado proceso de paz del Caguán. Algunas, por no decir la mayoría, francamente sesgadas y viciadas, muy interesadas en favorecer la imagen del gobierno colombiano. El hecho de que no exista una cronología objetiva ni confiable de semejante experiencia, y que aún está por hacerse, constituye una dificultad adicional para la valoración de esta experiencia histórica.

Sin embargo lo que puede observarse a primera vista es una serie ininterrumpida de improvisaciones y amenazas burdas, de parte y parte, que desde un principio auguraban su fracaso. Más notorias en la parte gubernamental encargada de la dirección del proceso. Por ejemplo, en el juego vicioso de prorrogar nueve veces la zona de distensión durante todo el proceso; mientras los voceros de las FARC acusaban al gobierno de ser complaciente con la expansión por todo el país de los paramilitares y sus masacres, el gobierno y los paramilitares acusaban a las FARC de usar la zona de distensión para continuar delinquiendo y fortalecerse.

Éste fue el resultado obvio del grave error bilateral de iniciar formalmente un proceso de paz para solucionar un conflicto social y armado tan complejo y antiguo como el de Colombia, en un escenario llamado «negociaciones en medio de la guerra», que dejaba entrever además de la desconfianza mutua, una agenda oculta de ambas partes para sentarse a negociar con la intención de ganar tiempo y obtener en una mesa las ventajas que no obtuvieron con las armas. La prueba de ello es que ambas partes, después del fracaso, aún se acusan mutuamente y se recriminan amargamente el haber sido «engañadas» por la contraparte. Pero, además de las sobre-determinación de la política exterior estadounidense del Plan Colombia y de la división interna dentro de su clase dirigente, un observador desapasionado puede encontrar otros desaciertos en la conducción del proceso, tales como:

1. La burda y tradicional asociación entre elecciones presidenciales y proceso de paz.

2. La carencia de un Tercero adecuadamente definido.

3. El desfase entre las promesas electorales plasmadas en una agenda de negociación y las posibilidades reales de trasformaciones estructurales de la sociedad que un proceso de este tipo demandaba. Es decir, la consideración de la negociación como un pequeño asunto de poder y no como una negociación integral de un conflicto armado, también social.

4. Los intereses económicos, políticos y militares de los llamados en Colombia «enemigos de la paz», quienes alimentan el conflicto o «aceitan» la maquinaria de guerra.

5. La carencia de un escenario de justicia y reparación de víctimas del conflicto.

6. El uso de los medios de comunicación de masas como armas de guerra, en lugar de utilizarlos para generar un clima de distensión y creación de confianza mutua entre las partes.

7. La confusión semántica deliberada que se hizo del concepto de paz, hasta reemplazado en el léxico oficial por el de seguridad.

8. Por último, la inercia de siglos de violencia política para resolver sus disputas que tenemos la mayoría de los colombianos en la conciencia social, sintetizada en el argumento todavía vigente de «la razón de la fuerza», en lugar de usar la fuerza de la razón.

Ahora bien, no todo en el Caguán fueron fallas o yerros. También hubo aciertos y aspectos positivos que deben ser valorados adecuada y positivamente, dentro de los cuales se pueden destacar:

1. La firma oficial entre las dos partes de la Agenda Común firmada 4 meses después de iniciada la negociación el 6 de mayo de 1999, y la visita ese mismo día de una delegación del congreso de los EE. UU. a la zona de distensión.

2. La entrevista del jefe de la bolsa de New York Richard Grasso con Manuel Marulanda y demás voceros de las FARC, en el Caguán, el 26 de junio 1999.

3. La asistencia de 27 representantes de países el mundo a la mesa temática de los Pozos el 29-30 de junio de 1999.

4. El ciclo de Audiencias Públicas iniciado el 3 de diciembre de 1999 en donde participaron más de 25.000 colombianos.

5. La tregua unilateral decretada por las FARC en diciembre de 1999.

6. La gira por Europa de los voceros de las FARC y del gobierno en febrero de 2000.

7. La visita de una comisión de compañías multinacionales a Manuel Marulanda y demás voceros de las de las FARC el 3 marzo de 2000.

8. El acuerdo de los Pozos del 8 de febrero 2001 para reorientar el proceso.

9. La entrega de 62 menores de 15 años, militantes de las FARC, el 15 de febrero 2001.

10. El intercambio y liberación de 55 militares retenidos por las FARC y 11 guerrilleros presos el 16 de junio de 2001.

11. La liberación unilateral de 242 policías y militares retenidos por las FARC el 27 de junio 2001.

12. El informe de la Comisión de Personalidades llamada por la prensa de los Notables, el 27 de septiembre de 2001, donde se hicieron una serie de recomendaciones para controlar el ascenso del paramilitarismo, disminuir la confrontación y reorientar el proceso de la negociación en un escenario de tregua bilateral con un proceso constituyente final.

13. El acuerdo de San Francisco de la Sombra firmado el 5 de octubre de 2001 para entrar a estudiar un posible alto el fuego y cese de las hostilidades.

14. El papel jugado por la comisión facilitadora internacional al final del proceso, para evitar su inminente ruptura, especialmente del asesor de la ONU James Lemoyne.

Como consecuencia inmediata de la ruptura del proceso de paz, el conflicto social y armado de Colombia se recrudeció. Las fuerzas militares una vez reorganizadas y rearmadas bajo los parámetros estadounidenses del Plan Colombia, iniciaron una ofensiva general contra las FARC y éstas también recrudecen sus acciones. La estrategia paramilitar del Estado continúa su expansión de terror por toda la geografía del país completando su total fusión con el narcotráfico y con los poderes políticos locales y regionales, hasta lograr la captura casi total del aparato estatal.

Y sobre el hastío del fracasado proceso del Caguán y del malestar de una población castigada con la situación económica y social catastrófica, como la descrita a finales del 2001 por la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (ANIF), Álvaro Uribe Vélez, el más claro partidario de continuar la guerra contrainsurgente del Plan Colombia hasta lograr la derrota militar de la Insurgencia, apoyado por Pastrana y todo el partido conservador, monta su candidatura presidencial mediática y el golpe de opinión electoral que en mayo del 2002 lo lleva a la presidencia de Colombia.

En agosto del mismo año, los conservadores triunfantes forman parte esencial del bloque de gobierno prolongado por 8 años de Uribe Vélez. Dos años antes, el 22 de noviembre de 2000, Pastrana había conformado un frente común por la paz para apoyar el proceso de paz del Caguán, y entre sus miembros más destacados estaban los barones electorales del su partido conservador como Mario Uribe, senador antioqueño, primo y mentor del futuro presidente Uribe Vélez, y Ciro Ramírez, senador por Boyacá; quienes en abril de 2008 fueron condenados a prisión por la Corte Suprema de Justicia dentro del escándalo de la llamada para-política, que involucró a 69 congresistas de todos los partidos políticos gobernantes. También de este frente común formó parte el político liberal Luis Guillermo Giraldo Hurtado, negociador del gobierno Pastrana en el Caguán, luego promotor del referendo para hacer elegir por segunda vez a Uribe Vélez; quien igualmente fue encarcelado en junio del 2010 por corrupción, falsedad ideológica y fraude.

Entonces, cuando a comienzos de agosto del 2005 Uribe Vélez, para devolverle los favores recibidos, nombra a Pastrana su embajador plenipotenciario ante el Gobierno de los EE. UU., el vocero de las FARC en el Caguán, Raúl Reyes, pudo decir en una entrevista concedida al periodista sueco Dick Emanuelsson que, “el presidente Pastrana no había desarrollado ni un solo punto de la agenda común pactada en el Caguán, para pavimentarle el camino a Uribe Vélez”.

La política en Colombia desplazada de su ambiente natural a los medios de comunicación, propiedad de los grupos Prisa y Planeta, satanizaron la hermosa voz nativa «Caguán», con la que los indígenas de esa región del piedemonte amazónico del sur de Colombia llamaron en su mito de origen a ese río tormentoso, hasta volverla sinónimo castellano de engaño guerrillero. ¿Pero, por qué razón el gobierno de Pastrana desmilitariza y entrega a las FARC, una zona tan grande como la del Caguán, cuando Manuel Marulanda a nombre del secretariado de esa guerrilla, había pedido solamente la cabecera municipal de San Vicente?

Era una pregunta que se hacían asombrados muchos expertos militares y en resolución de conflictos internacionales. Nadie sospechaba, porque era un secreto diplomático muy bien guardado que salió a flote el 6 de diciembre de 2007 en una trifulca típica entre Uribe Vélez y Pastrana, cuando este debió declarar públicamente que había sido una imposición del gobierno Clinton, como una parte esencial del desarrollo del Plan Colombia. Fue entonces cuando quedó demostrada plenamente la táctica bifronte colombo-estadounidense que hemos venido explicando, encaminada por un lado a tomar aire político y realizar la reingeniería militar urgente a las fuerzas militares colombianas golpeadas por las tomas guerrilleras de las bases militares en el sur del país, relanzando la eterna monserga militarista de “ahora si los vamos a derrotar” y por otro lado, mostrar que las FARC no tenían la capacidad para dirigir una determinada zona territorial que sus victorias militares sobredimensionadas anunciaban, y mucho menos gobernar un Estado tan complicado como el colombiano.

Y para los casos bien previstos de que la guerrilla no aceptara convertirse en una “fuerza erradicadora de matas de coca” como se tenía planeado, o que los diálogos de paz desarrollados bajo la extraña condición de dialogar en medio de la guerra fracasaran, como en efecto sucedió; se tenía la justificación política perfecta para iniciar una intensa campaña propagandística encaminada no sólo a satanizar moralmente la guerrilla convertida en narcoterrorista, según la doctrina Bush de la guerra antiterrorista, sino a transformar el aborrecible delito del secuestro, en el peor delito de la humanidad, que tapara peores delitos de lesa humanidad y del Terrorismo de Estado cometidos en Colombia para desaparecer más de 30 000 civiles indefensos, como los hornos crematorios, los charcos de caimanes, las fosas comunes y los llamados Falsos Positivos, que hoy una década después de la experiencia del Caguán, pavoridos contemplamos.

Así, la clara asociación o vínculo directo existente entre la imposición del Plan Colombia y su geoestrategia de los EE. UU. para la región andina, ocurrido en paralelo y mientras se desarrollaban los diálogos y negociaciones del Caguán, sospechosamente desapareció en los análisis serios de la situación colombiana. Los excelentes análisis de todo tipo, que desentrañaron y disecaron minuciosamente la mayoría de los elementos contradictorios del Plan Colombia y lo caracterizaron adecuadamente como una ley extraterritorial del Congreso de los EE. UU., logrando su repudio masivo e internacional; inexplicablemente dejó de relacionarse objetivamente con los dos fenómenos sociales trascendentales acaecidos en Colombia mientras se desarrollaron los diálogos y negociaciones del Caguán. El primero, la prolongada crisis económica y política de gobernabilidad de las administraciones de Samper y de Pastrana y dos, la salida fascista a esta crisis, mediante el ascenso definitivo y adecuación del aparato Estatal por parte del paramilitarismo, conducido y hegemonizado por Uribe Vélez con su clase social en ascenso.

Hoy una década después de la experiencia del Caguán, buscando una síntesis que la haga legible viene a mi memoria una imagen de la táctica viciosa que necesariamente tenía que encaminar la experiencia del Caguán al fracaso. Es la opinión contundente dada personalmente al director de Indepaz, Camilo González Posso, por Alonso López Caballero, el hijo delfín de López Michelsen, cuando nombrado por Pastrana en las negociaciones del Caguán como representante del Estado, mejorando a su padre le sentenció: “Hablar sin negociar y pararse a tiempo, para luego derrotarlos y volver a dialogar con los que queden”.

Así, la clase dirigente del Estado colombiano y sus asesores estadounidenses, persiguiendo durante una larga y perdida década esta quimera, mitad política y mitad militar, llegaron a diciembre del 2010, teniendo que reconocer oficialmente la triste evidencia de que las fuerzas militares que consumen el 5% de un PIB tan reducido como el de Colombia, durante el año 2010 han sufrido 2.500 bajas, entre ellas 450 muertos. Cifra superior a la registrada en 2002 cuando se presentaron 2.236 y a la del año anterior (2009) que fue de 2.320 bajas; y que, durante el mismo año, un total de 69 estructuras activas de las FARC tuvieron acciones armadas en 184 municipios con más de 400 combates, entendidos éstos como acciones militares de choque entre dos estructuras enemigas por más de 120 minutos.

Esto quiere decir que la guerrilla de las FARC durante 2010, ocasionaron 250 bajas entre muertos y heridos a la fuerza pública cada mes. Más de ocho víctimas por día. Una cada tres horas. 1,5 muertos cada día. Mientras en el mismo periodo, las fuerzas militares dicen haber abatido positivamente a 453 guerrilleros de las FARC y capturado a 1.252. Tan desolador panorama, nos impone necesariamente tener que aceptar que después de una trágica y perdida década de sangre y lodo, padecida por el pueblo colombiano, llegamos a la única conclusión posible que existe para solucionar diplomática y civilizadamente, el conflicto social y armado de Colombia: regresar a un escenario sistémico de paz como el esbozado por la comisión de personalidades o notables y de la cual formé parte en septiembre del 2001.

Esta comisión contempló:

1. Una tregua bilateral militar como política para toda la insurgencia colombiana, es decir tanto para las FARC como para el ELN.

2. Una discusión amplia y democrática sobre la base de la agenda común ya firmada en la aldea de la Machaca por el Estado y las FARC en mayo del 2001, sin perjuicio de considerar otros temas nuevos que hayan podido surgir en esta década.

3. Una Asamblea Nacional Constituyente refrendataria de los acuerdos sociales alcanzados. Escrito el 17 de diciembre de 2010. 180 aniversario de la muerte del Libertador Simón Bolívar.

Anexo: Cronología resumida de los principales hechos del proceso de Paz del Caguán Año 1998.

• El 9 de junio se realiza la primera reunión entre el candidato presidencial Andrés Pastrana y el jefe de la las FARC Manuel Marulanda, tras una mediación del político conservador Álvaro Leyva. El 14 de junio las FARC anuncian su disposición al dialogo con Pastrana, y dos días después el aún candidato presidencial anuncia su voluntad de despejar varios municipios para iniciar un proceso de paz con las FARC.

• El 7 de agosto en su discurso de posesión como presidente de Colombia Pastrana reitera su disposición para dialogar con las FARC y el 14 de octubre por resolución establece la zona de distensión en los municipios de Mesetas, La Uribe, La Macarena, Villahermosa y San Vicente del Caguán, con fecha de expiración el 7 de febrero de 1999. Reconoce el estatus político a las FARC y pide suspensión de las órdenes de captura contra Raúl Reyes, Joaquín Gómez y Fabián Ramírez designados por las FARC como sus voceros.

• El 7 de noviembre, las FARC solicitan el retiro de los 130 militares del batallón cazadores de San Vicente del Caguán para iniciar las conversaciones.

• El 13 de noviembre por orden presidencial los militares se retiran en medio de roces y protestas de los altos mandos de las fuerzas militares, y el comisionado de paz Víctor Gumersindo Ricardo debe declarar públicamente que no reconocerá estatus de beligerancia a las FARC.

• El 25 de noviembre el presidente Pastrana pide a las FARC un alto al fuego para las festividades navideñas. Dos días después estas responden proponiendo un canje de militares retenidos en su poder, por guerrilleros encarcelados. El 6 de diciembre Carlos Castaño el jefe de los paramilitares acoge la idea presidencial de la tregua y extiende públicamente la propuesta a todos los llamados actores del conflicto armado colombiano.

• El 14 de diciembre el comisionado de Paz Ricardo y el jefe de las FARC Manuel Marulanda acuerdan iniciar las conversaciones el próximo 7 de enero de 1999. El 15 de diciembre se reúnen secretamente en Costa Rica, en la residencia de Álvaro Leyva, el director del Departamento de Estado para asuntos Andinos de los EE. UU. Philip Chicola, con el comisionado de paz de Colombia Ricardo y el vocero de las FARC Raúl Reyes, para tratar el tema del narcotráfico y los intereses de los EE. UU. durante el proceso de Paz que se abre en Colombia.

• El 26 de diciembre de 1998 las FARC comienzan a ejercer control sobre la zona de distensión.

• Año 1999. El 7 de enero, el presidente Pastrana instala oficialmente en San Vicente del Caguán la mesa de negociación en un escenario caracterizado por los medios de comunicación como «negociación en medio de la guerra». El jefe de las FARC Manuel Marulanda no asiste a la ceremonia por razones de seguridad delegando en el vocero Joaquín Gómez la lectura de su discurso de instalación de la mesa. La gran prensa caricaturiza el hecho como «la silla vacía» y la revista Semana dice que «es un vaticinio de lo que vendrá más adelante para el proceso de paz instalado».

• El 19 de enero, 11 días después de instalada la mesa de negociaciones, tras una serie de masacres realizadas por los paramilitares, las FARC anuncian la «congelación» de las conversaciones hasta tanto que no se conozcan los informes oficiales sobre la lucha contra los paramilitares, sin embargo el 25 de enero, el vocero Raúl Reyes se reúne con María Emma Mejía y Nicanor Reyes enviados como representantes por el gobierno de Pastrana y acuerdan continuar trabajando en una solución política del conflicto y en una adecuada explotación de los recursos naturales con programas productivos.

• El 5 de febrero, el presidente Pastrana autoriza oficialmente la ampliación por 90 días de la zona de distensión. Ese día en rueda de prensa el vocero Raúl Reyes dice que las FARC consideran a los militares retenidos como «prisioneros de guerra» y pide muestras de la voluntad presidencial para combatir a los paramilitares.

• El 3 de marzo, se encuentran en el estado venezolano de Apure, frontera colombo venezolana, los cadáveres de los ciudadanos estadounidenses Ingrid Washinawatok, Laheenae Gae y Terence Freitas.

• 7 días después las FARC reconocen su captura el 25 de febrero anterior en Cubará Boyacá, junto con su muerte, comprometiéndose a castigar a los responsables según sus normas internas. El proceso de negociaciones entra en crisis, sin embargo, el 6 de marzo los tres voceros de las FARC se reúnen con el subsecretario general de las Naciones Unidas, el delegado de la ONU para América latina y África, el representante de la UNDCP en Colombia, y el alto comisionado para la paz Gumersindo Ricardo, para tratar el tema de la sustitución de cultivos ilícitos.

• El 3 de abril ambas partes piden crear una comisión de acompañamiento Internacional para el proceso de paz, mientras los paramilitares acusan públicamente a las FARC de estar aprovechando la zona de distensión para fortalecerse.

• El 8 de abril los voceros de las FARC y el comisionado de paz Ricardo se reúnen para tratar la crisis de los diálogos y el 18 de abril ante el estancamiento del proceso, el presidente Pastrana condiciona la prórroga de la zona al reinicio del proceso de negociación.

• El 20 de abril el gobierno Pastrana y las FARC reanudan las conversaciones y los miembros de la mesa de negociación, presentan el borrador de la agenda única.

• El 2 de mayo, el presidente Pastrana en un intento por reactivar el proceso viaja a la zona de distensión para reunirse con Marulanda y se logra firmar el acuerdo de Caquetania. Cuatro días después se reanuda el proceso de paz.

• El 6 de mayo 1999, el gobierno Pastrana y las FARC publican firmada por los representantes del Estado Víctor Gumersindo Ricardo, Fabio Valencia Cossio, María Emma Mejía, Nicanor Restrepo, Rodolfo Espinosa Meola y los voceros de las FARC Raúl Reyes, Joaquín Gómez y Fabián Ramírez; la Agenda Común por el Cambio hacia una Nueva Colombia de 12 puntos, y el presidente Pastrana anuncia una veeduría internacional para los diálogos de paz. Una comisión del Congreso de los EE. UU. visita la Zona de distensión. El 26 de mayo en horas de la tarde, 14 altos oficiales de las fuerzas militares de Colombia, junto con el ministro de defensa Rodrigo Lloreda, renuncian a sus cargos en protesta por la zona de distensión y el manejo que se le está dando al proceso de paz. El presidente Pastrana logra controlar la crisis militar y el 7 de junio prorroga una vez la zona de distensión, hasta el 7 de diciembre.

• El 18 de junio, las FARC congelan el diálogo por estar en desacuerdo con el gobierno del presidente Pastrana acerca de la creación de una comisión de verificación que reciba denuncias de la comunidad sobre violaciones en la zona desmilitarizada de los Derechos Humanos, porque estos son responsabilidad del Estado. El gobierno retira la propuesta ante el anuncio de las FARC.

• El 22 de junio la Fiscalía General de la Nación suspende temporalmente las órdenes de captura contra los voceros de las FARC Raúl Reyes, Fabián Ramírez y Joaquín Gómez. El 26 de junio en San Vicente del Caguán, ambas partes se reúnen con Richard Grasso, presidente de la Bolsa de Valores de Nueva York, el Vicepresidente Halan Murvary, James Esposito y el ministro de hacienda de Colombia Juan Camilo Restrepo. En la reunión se hace una exposición sobre las políticas del gobierno Pastrana. Posteriormente se presentan como representantes del Estado para las negociaciones de paz, al senador Fabio Valencia Cossio, Juan Gabriel Uribe y el empresario Pedro Gómez Barrero.

• Los días 29 y 30 de junio, diplomáticos de 27 gobiernos de países del mundo asisten en la población de los Pozos a la Mesa Temática sobre sustitución de cultivos ilícitos, eliminación del narcotráfico y el Plan Colombia. Los asistentes se comprometen a apoyar política y económicamente el eventual proceso de paz.

• El 20 de septiembre el presidente Pastrana anuncia que su gobierno y las FARC habían acordado la constitución de tres comisiones, una de ellas de carácter internacional para la verificación del proceso de paz.

• El 16 de octubre los voceros de las FARC y el alto comisionado para la paz Ricardo, se reúnen en La Macarena y formalizan un acuerdo para instalar la mesa de negociación a partir del 25 de octubre siguiente en el municipio de la Uribe.

• El 24 de octubre representantes del gobierno Pastrana y los voceros de las FARC instalan en La Uribe la mesa de negociación. También los responsables de los comités temáticos encargados del seguimiento y discusión de la Agenda Común. Sin embargo, el mismo día el vocero Raúl Reyes dice que si el gobierno del presidente Pastrana obedece a las presiones del congreso estadounidense para acabar con la zona de distensión, las FARC romperán las negociaciones de paz.

• El 18 de noviembre las FARC reiteran que no aceptan una comisión internacional supervisora del proceso de diálogo.

• El 4 de diciembre se trasmite por la televisión nacional la primera audiencia pública en la población de Los Pozos. El Comisionado de paz Ricardo explica que básicamente se buscaba informar a los colombianos cómo será el proceso de paz con participación activa del pueblo, presentando iniciativas para realizar reformas políticas, económicas y sociales que lleven a un acuerdo de paz entre el gobierno y las FARC.

• El 6 de diciembre las FARC emiten un comunicado a la opinión pública anunciando una tregua unilateral de un mes con motivo de la época de Navidad, que se inicia del 15 de diciembre.

• El 7 de diciembre, el presidente Pastrana vuelve a prorrogar la zona de distensión hasta el 7 de junio de 2000.

• Año 2000. El 29 de enero el gobierno Pastrana y las FARC reinauguran las negociaciones de paz. Dos días después los integrantes de la mesa de negociación inician una gira de 33 días por varios países europeos que incluye Suecia, Noruega, Italia, El Vaticano, Suiza, España y Francia.

• El 3 de marzo varios ejecutivos de multinacionales entre ellos Jim Kinsey se reúnen en la zona de distensión con Manuel Marulanda y los voceros de las FARC. Y los consejeros del gobierno Jaime Ruiz y Mauricio Cárdenas explican a las FARC el Plan Colombia. Simultáneamente Carlos Castaño, jefe del grupo paramilitar de las Autodefensas Unidad de Colombia, en un amplio despliegue periodístico muestra su cara por primera vez. Acepta la participación suya y de su organización en hechos atroces de terror y dice que su guerra contra insurgente es financiada por el narcotráfico. Además, Castaño propone que su organización también sea incluida en los diálogos de paz que el gobierno del presidente Pastrana y las FARC que se llevaban a cabo en la zona de distensión. A raíz de estas declaraciones se acuña en Colombia el término “narcoparamilitarismo”.

• El 26 de abril el presidente Pastrana acepta la renuncia al comisionado de paz Gumersindo Ricardo y en su lugar nombra su secretario privado Camilo Gómez.

• El 29 de abril en un acto ampliamente publicitado, toda la dirigencia de las FARC anuncia desde la zona de distensión, el lanzamiento de su brazo político clandestino llamado Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia.

• El 16 de mayo, es secuestrada la campesina Ana Elvia Cortés en el departamento de Boyacá y aparece con un collar bomba en el cuello que al ser desactivado por la policía explota. El comandante de la policía Rosso Serrano y el presidente responsabilizan a las FARC. El gobierno suspende el proceso de paz que entra en otra crisis. Posteriormente el gobierno debe reconocer que no fueron las FARC las responsables de este acto horrendo y el proceso se reactiva con la prórroga de la zona de distensión, hasta el próximo 7 de diciembre del 2000.

• El 25 de mayo la comandancia de las FARC recopila y publica 4 leyes: La 01 para la reforma agraria, la 02 del impuesto del 10% a las empresas con más de un millón de dólares, la 03 o ley anticorrupción y la cuarta los tribunales de justicia popular.

• El 12 de junio una comitiva conformada por el vocero Raúl Reyes el representante del gobierno Fabio Valencia Cossio viajan a España para asistir al «Seminario Internacional Sobre el Proceso de Paz Colombiano», al cual también asiste Antonio García en representación del Ejército de Liberación Nacional (ELN).

• El 20 de junio ambas partes anuncian un intercambio mutuo de propuestas para lograr un cese de hostilidades. Actúa como representante del gobierno Luis Guillermo Giraldo quien se reúne en Caracas con Raúl Reyes y el ministro de exteriores Venezolano José Vicente Rangel.

• El 17 de julio las fuerzas militares de Colombia revelaron un informe en el que destacan que, desde el inicio de la zona de distensión las FARC habían realizado 45 grandes acciones armadas, contra 24 municipios periféricos a la zona, obligando el l retiro de la policía nacional de 10 poblaciones.

• Desde septiembre y hasta diciembre, las FARC realizan un paro armado en el departamento del Putumayo, en protesta por el componente militar del Plan Colombia.

• El 26 de octubre el gobierno y las FARC reanudan las conversaciones creando un comité encargado de aclarar los hechos del secuestro de un avión de Satena realizad el anterior 8 de septiembre, por el preso Arnubio Ramos.

• El 7 de noviembre termina el primer ciclo de audiencias públicas y el 14 de noviembre las FARC anuncian la congelación indefinida hasta tanto el gobierno Pastrana no muestre resultados positivos en la lucha contra los paramilitares y sus masacres.

• El 22 de noviembre Pastrana crea un frente común por la paz, formado por Mario Uribe, Horacio Serpa, Ciro Ramírez, Antonio Navarro, Samuel Moreno, Luis Guillermo Giraldo y Luis Fernando Alarcón.

• El 6 de diciembre Pastrana una vez más prorroga por 55 días la zona de distensión.

• Año 2001. El 4 de enero de 2001, el gobierno pide a las FARC aclarar si tienen responsabilidad en el asesinato del parlamentario Diego Turbay Cote, su madre y cinco personas más, ocurrido el anterior 29 de diciembre de 2000.

• El 14 de enero el vocero Raúl Reyes anuncia la liberación unilateral de policías y militares como un gesto para fortalecer la mesa.

• El 17 de enero Manuel Marulanda pide la prórroga indefinida de la zona de distensión y resultados concretos en el combate oficial a los paramilitares para avanzar en los diálogos.

• El 23 de enero, el ejército de Colombia moviliza 2500 soldados en Puerto Rico Meta, hacia los límites de la zona de distensión.

• El 31 de enero el presidente Pastrana prorroga la zona desmilitarizada hasta el 4 de febrero, pero el 3 de febrero vuelve a ampliar el plazo de la zona hasta el 9 de febrero del 2001.

• El 8 y 9 de febrero se reúnen en la localidad de los Pozos, Pastrana y Marulanda para tratar sobre el intercambio bilateral de prisioneros, la lucha contra los paramilitares, el plan Colombia y para evaluar, a la fecha, los resultados de todo el proceso de negociaciones. Tras la reunión, las partes acordaron crear el ‘Comité de vigilancia’, un comité con portavoces de las dos partes en la mesa de diálogo que estudie los hechos que afectan la sostenibilidad de los diálogos y asegure la no interrupción de éstos. También se acuerda invitar a un grupo de países amigos y organismos internacionales para que visiten Colombia y apoyen el proceso de conversaciones de paz.

• El 12 de febrero, Jorge Briceño conocido como el Mono Jojoy anuncia que las FARC sacarán a los menores de 15 años de las filas de la organización guerrillera y 3 días después, entregan al gobierno Pastrana 62 menores de 15 años que la organización armada mantenía como combatientes.

• El 5 de abril las partes crean la comisión de acompañamiento a la Mesa de diálogo y negociación, también llamada facilitadora, conformada por delegados de 26 países y delegados del secretario de las naciones unidad Kofi Annan, de la Unión Europea y la Iglesia Católica.

• El 11 de mayo la mesa de diálogo y negociación, conforma una comisión de Personalidades, también llamada de los notables, con los nombres de Vladimiro Naranjo, Ana Mercedes Gómez, Carlos Lozano y Alberto Pinzón Sánchez, con el propósito de formular recomendaciones para acabar con los paramilitares y disminuir la intensidad del conflicto. La comisión de los notables entrega su informe el 27 de septiembre de 2001. En el informe los notables recomendaron entre otras cosas la necesidad de cambiar el esquema de negociación, empezando por seis meses de cese al fuego bilateral durante el cual se analizaría y discutiría la agenda para la paz con miras a conformar un escenario constituyente.

• EL 2 de junio las partes firman el primer acuerdo humanitario para la liberación de policías y soldados en poder de las FARC y la excarcelación de guerrilleros por el gobierno.

• El 16 de junio, las FARC liberan un total de 55 miembros del ejército y la policía nacional que tenía en su poder y el gobierno por su parte excarcela a once (11) guerrilleros presos. Posteriormente, el 27 de junio las FARC anunciaron la liberación unilateral masiva de 242 militares prisioneros como segunda fase del acuerdo de liberaciones.

• 22 de Julio. La asociación de instituciones financieras (ANIF) publica lo que califica «un balance negro de los tres años del gobierno Pastrana», donde señala que en los últimos tres años la pobreza e indigencia de los colombianos aumentó, la inversión privada cayó, el desempleo se disparó, el país se endeudó más con los banqueros internacionales, se desplomó el comportamiento económico y la inversión extranjera se redujo, y en términos reales el ingreso y consumo de la gente se deterioró significativamente, y que a pesar del proceso de negociación de la paz la inseguridad y la violencia crecieron.

• El 5 de octubre de 2001 las partes firman el Acuerdo de San Francisco de la Sombra, cuyo punto principal fue el compromiso de estudiar cuanto antes un alto al fuego y de hostilidades y el 7 de octubre, Pastrana anuncia otra prórroga de la zona desmilitarizada por 100 días más, hasta el 2 de enero del 2002.

• El 17 de octubre, las FARC en protesta por los controles militares que se realizan en la zona de distensión se levantan de la mesa de negociación. La Unión Europea emite un comunicado el 7 de diciembre amenaza a las FARC con suspender las visas y permisos de permanencia a sus voceros en Europa si el proceso de diálogos se rompe.

• El 24 de diciembre el comisionado de paz, Camilo Gómez viaja a la zona de distensión a reunirse con los voceros de las FARC y continuar los diálogos.

• Año 2002. El 3 de enero, después de casi tres meses de suspensión y crisis en la negociación, ambas partes vuelven a reunirse, sin lograr acuerdos. Pastrana da a las FARC un plazo de 48 horas para salir de la zona.

• El 8 de enero, las partes vuelven a reunirse sin lograr ningún avance después de recriminaciones mutuas, y el día siguiente el comisionado de paz del gobierno Pastrana da por terminado el proceso de diálogos. Las FARC dan a conocer el siguiente comunicado:

8 de enero de 2002. El Estado Mayor Central de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Ejército del Pueblo, manifiesta: Los cambios unilaterales frente a las garantías que le dan sustento a la Zona Desmilitarizada anunciados en la alocución presidencial el pasado 7 de octubre, son el principal obstáculo del proceso, y mientras no se revisen será imposible avanzar, como es el deseo de la mayoría de los colombianos. En el transcurso de los tres meses de parálisis del proceso las FARC-EP han presentado diversas propuestas que no han sido tenidas en cuenta por parte del Gobierno Nacional. Por el contrario, ha extremado las medidas anunciadas, que lo único que generan es incomodidad y alteración de la vida normal de los pobladores como consecuencia del control exagerado al ingreso de remesas, medicinas, mercancías y la libre movilización. Asimismo, hemos escuchado por boca de los representantes del Gobierno y los Altos Mandos militares la afirmación de que no están dispuestos a negociar ninguna de las medidas anunciadas por el presidente en su alocución. Cabe deducir que lo que se busca con el cambio unilateral de las medidas sobre el funcionamiento de la Zona es enredar el proceso en el debate de los mecanismos y procedimientos, para impedir que se aborde en la Mesa la discusión de los temas políticos, económicos y sociales que preocupan al común de los colombianos, tales como la reforma del régimen político, el desempleo, la salud, la vivienda, la educación, la redistribución del ingreso, las reformas pensional y laboral, entre otros. Mientras el Régimen persista en la idea de unos diálogos limitados a pactar únicamente las condiciones de rendición de la insurgencia, va a ser muy difícil adelantar el proceso. La solución política del conflicto social y armado en nuestro país pasa por la realización de cambios profundos en el sistema económico, y en el régimen político y social que eviten que Colombia caiga por el despeñadero como ocurrió en Argentina. Manifestamos nuestra disposición de continuar buscando salidas a la actual situación. Dentro del espíritu que nos anima, el comandante Manuel Marulanda el día de hoy ha enviado una carta al señor presidente, con una propuesta dirigida a buscar salidas al actual estancamiento. Estamos seguros de que el señor presidente sabrá tomar la decisión más conveniente para el país el próximo 20 de enero. Estado mayor Central de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. Enero 8 de 2002.

• El 9 de enero James Lemoyne, representante de Naciones Unidas en Colombia, inicia una carrera contra el tiempo tratando de evitar la ruptura definitiva del proceso.

• El 10 de enero, el presidente Pastrana le concede un plazo de 48 horas para que realice una misión mediadora que permita rescatar el proceso. El presidente Pastrana después de reunirse con el frente común por la paz, informa públicamente que su decisión de mantener controles militares en la zona de distensión y afirma que no son negociables los retenes militares, los sobre vuelos de aeronaves, la revisión de remesas y la autorización de la entrada de extranjeros, y pide al pueblo colombiano confiar en las fuerzas militares colombianas. Tras una serie de reuniones con varios diplomáticos y embajadores de los países facilitadores, el 12 de enero Lemoyne informa que “parece inevitable una incursión del ejército a la llamada zona de distensión”.

• El 14 de enero llega al Caguán la comisión de países facilitadores con una propuesta a ambas partes para evitar el rompimiento definitivo Finalmente en horas de la tarde ambas partes, gobierno y FARC, emiten un comunicado conjunto agradeciendo a los países facilitadores, al asesor especial del secretario general de las Naciones Unidas, al Nuncio Apostólico y al presidente de la conferencia episcopal por la gestión de facilitación adelantada, que permitió sacar adelante el reinicio del proceso de paz. Asimismo, informan el reinicio de las discusiones hasta el próximo 20 de enero, contando con la presencia de dos delegados del grupo de países facilitadores y del asesor especial de la ONU.

• Entre el 19 y 20 de enero las partes logran un acuerdo sobre un cronograma presentado por las FARC, para tratar de lograr una tregua antes del 7 de abril.

• El 20 de febrero de 2002 un comando de las FARC secuestra un avión de la aerolínea Aires procedente de la ciudad de Neiva y fuerza un aterrizaje en medio de la carretera que lleva al l municipio de El Hobo. El comando de las FARC libera los pasajeros, pero se lleva secuestrado al senador Jorge Eduardo Gechem. Después de lo ocurrido, el presidente Pastrana pone fin a los diálogos de paz. Emite resoluciones que terminan oficialmente el proceso de paz con las FARC, les retira el estatus político concedido y los cataloga como terroristas. Reactiva las órdenes de captura contra todos los miembros de las FARC, termina la policía cívica que funcionó en la zona desmilitarizada, y ordena a las fuerzas militares bombardear y retomar militarmente la llamada zona de distensión.

• El 21 de febrero de 2002, el secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan rechaza el rompimiento del proceso de paz entre el gobierno Pastrana y las FARC y reitera sus buenos oficios si las partes lo piden. El gobierno del presidente Bush, la Unión Europea, los países del llamado grupo de Río y la OEA, apoyaron la decisión del gobierno Pastrana de terminar el proceso de paz en Colombia.

 

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