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“La epopeya palestina”: adelanto del nuevo libro de Claudio Katz

La editorial Batalla de Ideas acaba de publicar “La epopeya palestina”, libro del economista y analista internacional Claudio Katz. El autor analiza de forma integral e internacional el impacto que tiene el genocidio que comete Israel en la Franja de Gaza.

Lanzas y Letras presenta un fragmento del libro en el que Katz reflexiona sobre el denominado “lobby” israelí y su influencia en la política exterior de Estados Unidos no solo para Medio Oriente, sino también en diversas regiones del mundo, inclusive en América Latina.

 

La epopeya palestina

Por Claudio Katz

 El sostén fanático de todos los gobernantes estadounidense a Israel es explicado con frecuencia por la descomunal influencia que ejerce lobby sionista en Washington. La descripción de esa incidencia incluye datos contundentes del férreo control que ha logrado el AIPAC en el Congreso a partir de su enorme influjo sobre el Ejecutivo.

Ese grupo de presión bloquea el ascenso de cualquier político crítico a Israel, garantiza el favoritismo de los medios de comunicación hacia Tel Aviv, maneja los programas de estudio de las principales universidades y sanciona a los profesores afines a la causa palestina. Dispara, además, furibundas acusaciones de antisemitismo para intimidar a los opositores y asegurar el alineamiento disciplinado con Israel.

Algunas miradas consideran que el lobby ha logrado tanto poderío que impone a Estados Unidos políticas exteriores adversas a sus intereses. Señalan que su influencia financiera, electoral y mediática es tan avasallante que, mediante maquinaciones y manipulaciones, logra priorizar los intereses de Israel a las conveniencias norteamericanas.

El AIPAC consiguió transformar al Estado sionista en el mayor receptor anual de la asistencia económica y militar directa yanqui por una suma que desde 1973 bordea los 171 mil millones de dólares. Al mismo tiempo, eximió a los ejecutores de esas transferencias de cualquier rendición de cuentas.

De esa forma, un poder extranjero define las estrategias geopolíticas de Washington, afectando las prioridades y necesidades de la primera potencia. Esta tesis de un lobby omnipresente se ha convertido en la explicación más corriente de la política estadounidense en Medio Oriente.

Pero esta interpretación describe un mundo invertido, donde la potencia más poderosa del planeta es manipulada por un minúsculo país del Mediterráneo. No parece muy lógico suponer que el dominador imperial del planeta sea digitado por una pequeña nación surgida a mitad del siglo XX. Tampoco es sensato imaginar que Estados Unidos intervenga en forma tan directa y abrumadora en Medio Oriente por presiones ajenas y sin tomar en cuenta sus propios intereses.

La explicación opuesta es más consistente. Washington maneja todas sus acciones en la región para apuntalar las conveniencias económicas de sus empresas, asegurar la primacía geopolítica de sus proyectos y garantizar el predominio de su aparato militar. Cualquiera sea la influencia de los entramados que ha construido el AIPAC, la política exterior estadounidense está determinada por estrategias imperiales acordes al interés de la primera potencia.

La gravitación del lobby sionista no explica las acciones de Washington, por las mismas razones que la conducta del lobby petrolero no genera el calentamiento global. Tampoco los negociantes de armamentos provocan el estallido de las guerras. Todos esos grupos actúan y magnifican procesos subyacentes determinados por la dinámica del imperialismo.

En su práctica de cabildeo, corrupción y soborno, el AIPAC no difiere de sus pares ni exhibe mayor poderío. Se ubica incluso por debajo de otros veinte grupos en las cifras comprometidas con sus gastos. El lobby agrícola y del acero, o la Asociación Nacional del Rifle (NRA por su sigla en inglés), manejan un volumen mayor de fondos. La singularidad del lobby sionista no radica en los habituales conciliábulos con los círculos de poder, sino en su peculiar entrelazamiento con la amalgama imperial. Está inserto en una estructura que desborda ampliamente la incidencia puntual de un lobby en particular.

Israel conforma un apéndice colonial que opera como brazo del imperialismo en Medio Oriente a través de una población implantada y leal a la metrópoli, y que practica el exterminio de los palestinos. Esa acción presenta un alcance cualitativamente diferente y superior a un mero lobby sectorial.

Israel concentra todas las tendencias belicistas del imperialismo actual y es una simplificación atribuir esa furia guerrera a las apetencias de uno de los tantos lobbies que rodean al sistema político estadounidense. Por esa razón, las interpretaciones de izquierda siempre utilizaron los términos de imperialismo, colonialismo o capitalismo para evaluar los enfrentamientos en Medio Oriente. Las corrientes de la izquierda palestina también manejan ese léxico y no hacen referencia al lobby del AIPAC que tanto obsesiona a los analistas occidentales.

Los autores que igualmente remarcan el protagonismo de ese grupo argumentan que la desconsideración del lobby conduce a miradas predefinidas, inmutables y anticuadas de la política exterior estadounidense. Entienden que solo observando la conducta del AIPAC se puede comprender las distintas presiones que operan sobre el Departamento de Estado. Consideran que esas fuerzas lo inducen a adoptar cursos más complejos y contradictorios que la simple preservación del poder imperial.

Pero esa efectiva variedad no deriva de los pesos y contrapesos que genera la acción del lobby sionista, sino de las disyuntivas y atolladeros que enfrenta el imperialismo. En todo caso, los éxitos y fracasos de ese grupo de poder deben ser interpretados como un efecto y no como la causa de esas tensiones. La crítica a la teoría del lobby no desconoce la gravitación de ese sector, sino que atribuye esa incidencia al lugar que ocupa Israel en el sistema de dominación mundial comandado por Estados Unidos.

 

Un apéndice del sistema imperial

En nuestro enfoque, la gravitación de Israel obedece a su rol coimperial y a su enlace con la estructura interna del sistema de dominación estadounidense. El AIPAC opera justamente como un organismo conector de ese papel, y amolda su intervención a las circunstancias internacionales cambiantes.

El apéndice israelí no solo exhibe un grado de sociedad con la cúpula yanqui más estrecha que las formaciones europeas autónomas y alterimperiales. Prescinde, además, de la contradictoria relación de subordinación y conflicto que caracteriza a formaciones subimperiales, como Turquía o la India.

Precisar ese estatus específico de Israel en el entramado imperialista es mucho más productivo que indagar los comportamiento y vaivenes del AIPAC para explicar el belicismo del sionismo. Todas las miradas que evalúan la mixtura de un poder colonial e imperial, o que exploran la dinámica de un microimperialismo en Medio Oriente (Ghanem, 2025), contribuyen más a ese esclarecimiento que las denuncias sobre la acción manipuladora del AIPAC.

El enfoque centrado en el rol coimperial de Israel permite comprender por qué razón Washington privilegia a Tel Aviv en su juego dual con los emires y dictadores del mundo árabe. Ese equilibrio incluye la provisión de armas a gran escala a ambos campos. Israel es el mayor receptor de ayuda militar estadounidense, pero Egipto es el segundo; Arabia Saudita es el principal cliente y Baréin ocupa un estratégico lugar de concentración de marines.

La misma complementación se extiende al terreno económico, con créditos e inversiones significativas de empresas norteamericanas hacia las dos partes. Ese equilibrio está constantemente regulado por los cabildeos de los lobbies involucrados en cada negocio. Pero de la simple mirada de esas negociaciones no surge ninguna clarificación del privilegio que mantiene Israel. Esa prioridad solo se explica situando el papel de ese país en el sistema imperial.

Ese lugar permite, a su vez, entender por qué razón el AIPAC converge actualmente en las corrientes neoconservadoras más belicistas del establishment estadounidense y con las vertientes globalistas, más proclives a potenciar una nueva guerra fría con Rusia y China.

El lobby se encuentra enemistado con las tendencias realistas que propician atemperar la presión militar en los conflictos de Ucrania y Medio Oriente. Rechaza su proyecto de priorizar la revitalización de la economía para acotar el declive estadounidense ante el arrollador avance del competidor chino.

El simple cómputo de logros y adversidades de cada lobby en la mesa en el Congreso y en la Casa Blanca no clarifica ni tampoco explica las tensiones entre los grupos que disputan la estrategia a seguir por la primera potencia mundial.

El estudio del AIPAC se torna provechoso cuando registra sus vicisitudes en función de la política imperial, y no cuando intenta explicar esa orientación por su propia acción. En este caso, se pone el carro delante del caballo invirtiendo la lógica de los sucesos. El lobby viabiliza, pero no determina decisiones que provienen de exigencias, compulsiones o necesidades imperiales.

La magnificación de la incidencia del AIPAC conduce a la conclusión ingenua que alcanza con reducir (o erradicar) su influencia para frenar la masacre de los palestinos. Es la misma creencia que asocia el fin de la guerra en Medio Oriente con el desplazamiento político de Netanyahu y la banda derechista que actualmente maneja la política israelí.

Varias décadas de despojo y confiscación de los palestinos indican que la erradicación del sionismo es la condición de una pacificación efectiva de la región. Esa eliminación presupone un triunfo antiimperialista mayúsculo y la consiguiente derrota del colonialismo israelí y su padrino imperial estadounidense. Ese tipo de resultado se juega en el campo de batalla y en la solidaridad callejera mundial, y no en los conciliábulos para disminuir la incidencia de un lobby oprobioso.

 

 

La epopeya Palestina

Claudio Katz

1° edición. 240 páginas, 23 x 16 cm.

Febrero de 2025.

Editorial Batalla de Ideas (Argentina)

batalladeideas.ar

 

Pedidos, consultas, en el Ig de la Editorial: instagram.com/batalla.de.ideas

Autor

Economista, investigador del CONICET en Argentina. Es profesor de la Universidad de Buenos Aires y miembro del colectivo Economistas de Izquierda. Su sitio web es: www.lahaine.org/katz