Pizarro: 30 años de impunidad

Hoy se cumplen 30 años del asesinato del cofundador del M-19, Carlos Pizarro Leongómez. Un proceso lleno de irregularidades parece finalmente empezar a ver la luz después de que la Corte Interamericana de Derechos Humanos aceptara investigar el caso para determinar la responsabilidad del Estado colombiano en este crimen. Recordamos una vida de intensas convicciones. [Foto de portada: documental Pizarro]. 

Dice el abogado Juan Carlos Niño que la plata que los colombianos le dimos al Estado a través de los impuestos se nos devolvió, como en una especie de alquimia, en forma de plomo. “Un cambio de metales”.

Si en poco más de un año son asesinados 4 candidatos presidenciales de la oposición, ¿qué supone uno? ¿Quién mató a Jaime Pardo Leal, a Luis Carlos Galán, a Bernardo Jaramillo Ossa? ¿Quién mató a Carlos Pizarro?

El 26 de abril de 2020 se cumplen 30 años del asesinato del político, guerrillero y cofundador del M-19: el Comandante Papito. Murió con 38 años y el anhelo profundo de construir la paz.

Sus compañeros evocan su gran carisma y prestigio militar. Con el primero se ganó el corazón de una patria moribunda, con el segundo coqueteó por la apuesta de cambiar la historia del país. No obstante, cuenta Petro, Pizarro supo ver que su papel histórico no era el de un gran comandante militar de la guerrilla colombiana, sino el de un constructor del movimiento político y de la paz. “Nuestro comandante es el pueblo, y solamente al pueblo le rendimos nuestras armas”, vociferó convencido en su discurso poco antes de firmar la amnistía con el gobierno de Belisario Betancur, en un primer atisbo de conciliación.

El M-19 nace de la desazón de un fraude electoral: el 19 de abril de 1970 a las 11 de la noche se suspende la transmisión del conteo radial de votos donde se avizoraba como claro ganador a Gustavo Rojas Pinillas. Al día siguiente se anuncia a Misael Pastrana, del partido Conservador, nuevo presidente de la república. El Movimiento 19 de abril nace para reivindicar la decisión de las mayorías. “Con el pueblo, con las armas, ¡al poder!”.

Ni los partidos tradicionales, pero tampoco el Partido Comunista ni las FARC, en donde militó poco menos de dos años. Dicen que al pensar en el M-19 tal vez recordó a su padre cuando le decía que “el pueblo no sentía a Marx, mientras que sí lo hacía con Bolívar”.

Pero como ya dijimos, lo que caracterizó a Pizarro fue una apasionada terquedad por buscar interlocutores para la paz. Insistió en la construcción de una salida política al conflicto, sin titubear (eso sí) en caminos para respaldar la voluntad popular. ¿Qué fue su asesinato sino otro fraude electoral? Ya candidato a la presidencia por el partido político Alianza Democrática M-19, había demostrado una gran acogida de los votantes con señales tan claras como los 70.000 votos que sacó cuando se lanzó para Alcalde de Bogotá en las elecciones del 11 de marzo de 1990: dos días después del primer acuerdo de paz entre el gobierno y una guerrilla en América Latina (la guerrilla del M-19), y cuarenta y cinco días antes de que creyeran asesinar la vida en primavera.

Y es que a Pizarro no lo mataron por su pasado (guerrillero), sino por su futuro (presidencial), afirma Maria José[1]. Porque sabían que tenía una promesa de cambiar aquella Colombia no muy lejana de la actual, pero que además estaba decidido a cumplir esa promesa. “Tengo más miedo a fracasar en el empeño por construir la paz, que a morirme como individuo”, respondió en una entrevista cuando le preguntaron si tenía miedo de que lo mataran en el proceso de paz.

La muerte de Pizarro, así como la de los otros candidatos presidenciales asesinados por esos días, tuvo un carácter sistemático y represor. Entre otros, la conducta repetida consistía en el asesinato de los sicarios por agentes del DAS en el momento mismo de los hechos, asegurándose de eliminar la evidencia central.

Foto tomada de documental Pizarro.

Y así fue en el caso Pizarro. “Jerry”, el joven paisa entrenado en campamentos paramilitares para matar al exguerrillero, fue asesinado por Jaime Ernesto Gómez (agente del DAS), aunque se encontraba ya neutralizado por otros escoltas.

Como muchos en Colombia, el magnicidio de Pizarro ha permanecido en la impunidad. En 2002 Fidel y Carlos Castaño fueron condenados en ausencia a 24 años de cárcel, sin que pudiera cumplirse la pena. Las investigaciones han estado llenas de irregularidades, el proceso ha sido lentísimo y la falta de voluntad de jueces y mandatarios ha hecho que el caso Pizarro parezca estar condenado al olvido.

Sin embargo, varios avances se han dejado ver en los últimos 10 años. Con la profundamente comprometida implicación de Maria José Pizarro y la Comisión Colombiana de Juristas, las investigaciones parecen tomar otro rumbo y la verdad empieza a asomarse tímidamente entre las manos de los “vencidos”.

En 2010 la Fiscalía declaró el caso Pizarro como crimen de lesa humanidad, evitando así que la investigación prescriba por vencimiento de términos. En 2016, Jaime Ernesto Gómez (Ex DAS) fue vinculado formalmente a la investigación del asesinato, y en 2017 ingresó a La Picota cumpliendo una medida de aseguramiento preventiva. (No obstante, en septiembre de 2019 Gómez solicitó su acogida a la JEP, demanda que paraliza el proceso de justicia ordinaria hasta recibir respuesta de este tribunal). Por otro lado, el año pasado la Corte Interamericana de Derechos Humanos aceptó el caso iniciando la investigación para establecer la responsabilidad del Estado colombiano y exigir la indemnización o medidas simbólicas por perjuicios que sean definidas como pertinentes.

La búsqueda entre los resquicios no ha sido tarea fácil, si bien ya son tres décadas sin respuestas para familiares, amigos y compañeros de luchas, es también un vacío en la historia política del país y de los procesos fundadores de un proyecto de paz.

Así pues, asumamos la tarea que nos toca hoy: de aquellos a los que les quedó tanto por decir, tomemos sus vidas como experiencia legada y hagamos lo propio para el cambio aquí y ahora.

“Espero al final de la jornada que nuestra vida sea digna, justa; una vida que hable por nosotros y nos explique”, “entre todos cambiaremos la historia de Colombia, PALABRA QUE SÍ”. —Carlos Pizarro.

Notas

[1] Hija de Carlos Pizarro, representante a la Cámara.

Quién

Juliana Marín Rodríguez
Juliana Marín Rodríguez
Estudiante de Licenciatura en Filosofía de la Universidad de Antioquia y miembro del equipo de la Revista Lanzas y Letras.

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