Naufraga Estados Unidos

En medio de una crisis política que sacude el país del norte, los gobiernos de Donald Trump e Iván Duque animan los acuerdos de cooperación militar que, históricamente, han ubicado a Colombia como vanguardia subordinada de las guerras contra el comunismo, la droga y el terrorismo. ¿De qué se trata la asistencia “técnica” y “consultiva” de los Estados Unidos en Colombia?

Según un portal uribista, Colombia suscribió en 1946 un acuerdo de cooperación militar con Estados Unidos, que se ha venido cumpliendo con gran eficacia. En esa vía citan al Ministro de Defensa, quien dice que el acuerdo establece una permanente cooperación consultiva y técnica, y que es en desarrollo de este acuerdo, que ha llegado al país “personal de la brigada de asistencia a fuerzas de seguridad del Comando Sur de Estados Unidos”, dizque para asesorar fuerzas de tarea conjunta que operan en zonas donde hay presencia del narcotráfico.

Insiste el funcionario en que es un “grupo élite de carácter netamente consultivo y técnico” para lucha contra el “problema mundial de las drogas ilícitas”. El portal remata diciendo que uno de los propósitos de Iván Duque es luchar contra la coca. Pero, ¿qué tan cierto es todo esto?

Más que un acuerdo de cooperación entre Colombia y EE. UU., se habla de una “relación de subordinación y dependencia que beneficia a las clases dominantes en Colombia y afecta negativamente a la mayor parte de la población”. Subordinación, que nuestras odiosas élites han ido tejiendo desde mediados del siglo XIX, que se consolidó y fortaleció durante todo el siglo XX, y ha tomado distintas formas dependiendo de la voluntad de los jefes del norte. El primer tratado data de 1846, y no de 1946, y desde entonces Estados Unidos ha hecho, básicamente, lo que ha querido en nuestro territorio. El anticomunismo, la lucha contra las drogas y la lucha contra el terrorismo, han sido algunas de las excusas usadas para ir metiendo las narices en todas partes.

Sobre la eficacia de esta subordinación, no queda duda de los beneficios que se han generado para ambas partes del negocio. Estados Unidos ha encontrado en Colombia un aliado incondicional en sus planes de dominación regional y mundial y, al mismo tiempo, una enorme despensa siempre disponible de todo tipo de materias primas. Y los oligarcas colombianos, operadores de la subordinación, se han enriquecido a costa de ella. Aun hoy, casi el 30% de las exportaciones de Colombia son a Estados Unidos, es nuestro principal socio comercial.

Sin embargo, para las mayorías colombianas esta subordinación ha traído sangre, dominación e indignidad. Como en el caso de las menores de edad violentadas sexualmente por soldados y contratistas gringos.

Tampoco está clara la eficacia, por ejemplo, en la lucha contra las drogas. Según el Informe Mundial Contra los Drogas del 2019 Estados Unidos es el país con mayor consumo de drogas ilícitas en el mundo, ¿de qué eficacia hablarán?, ¿cuántas matas de coca habrán erradicado los Estados Unidos al interior de sus fronteras?, ¿o de dónde proviene tal experiencia en el campo?

Finalmente, ¿realmente quiere Duque acabar con la coca, o llegó a ser presidente gracias a la coca? La ñeñepolítica que el gobierno niega categóricamente y el laboratorio en la finca de un embajador de Duque, son hechos que parecen responder la pregunta.

Entonces ni hay cooperación, ni hay eficacia, ni hay lucha contra las drogas. Lo que parece es que, en medio de la tragedia de la pandemia, con el racismo ardiendo en las calles norteamericanas, y en plena recomposición del rompecabezas de la geopolítica mundial, EE. UU. parece naufragar y se aferra a lo de siempre: mostrar los dientes, mover tropas, hacer ejercicios militares y azuzar escaramuzas. Todo lo que hoy parece morir. Y el uribismo, otro enfermo desahuciado, les hace el juego en Colombia.

 

Quién

Sebastián Quiroga Pardo
Sebastián Quiroga Pardo
Politólogo de la Universidad Nacional. Vocero Nacional de Cuidad en Movimiento y el Congreso de los Pueblos. Representante legal de La Fogata Editorial. Candidato al Concejo de Bogotá (2019) por el Polo Democrático Alternativo (PDA)

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