Memorias de la dignidad

Crónica de una maratón que, como pocas, ha contribuido al despertar de la movilización popular tras el letargo de meses de aislamiento. Si los enemigos de la vida no están en cuarentena, pues la dignidad tampoco: ¡Qué viva el legado de la Marcha por la Dignidad!

La última vez les contaba que me iba para la Marcha por la Dignidad. Y así fue. La Ruta Comunera arrancó el 13 de julio desde el parque Camilo Torres Restrepo en Barrancabermeja, donde hay un busto del cura, sociólogo, revolucionario y rebelde, que alguna vez los paramilitares volaron de un bombazo. Ese mismo día en Gibraltar, Norte de Santander, arrancó la Ruta Libertadora. Con las más estrictas medidas de bioseguridad, los permisos necesarios, y convencidos que denunciar la muerte de líderes sociales no tiene límites. Ya van mil desde la firma de los acuerdos con las FARC.

Llegar desde Barranca a Bucaramanga fue una brega. Cerca del mediodía la Policía de Tránsito interrumpió nuestro camino y hostigó nuestro andar. Nos mantuvieron hasta la medianoche en carretera. Fue la primera de muchas dificultades que se nos iban a presentar y que fueron superadas con la contundencia del caminar digno. Llegamos a Bucaramanga de madrugada y fuimos recibidos con hospitalidad en la Casa de la Cultura El Solar.

Con la agenda desajustada, el 14 de julio tuvimos espacios de intercambio con organizaciones de la ciudad sobre las problemáticas de la región, y las propuestas y denuncias de la Marcha por la Dignidad. La defensa de Santurbán apareció en la primera línea de las exigencias y preocupaciones.

El 15 de julio, de nuevo venciendo obstáculos de la Policía y de los gobiernos locales, fuimos a Piedecuesta y luego a San Gil. Ya entrabamos en tierras guanes y chitareras, tierras de resistencia y de dignidad. Mientras tanto, la famosa Martuchis decía que a los pobres en Colombia nos había sorprendido la pandemia por no ahorrar, y nuestra Marcha se llenaba de razones para seguir adelante.

El 16 de julio caminamos de San Gil a Oiba. Seguíamos en el gran departamento comunero conociendo el trabajo de las comunidades campesinas de la región, guardianes del territorio, del agua y de las montañas. En el Socorro, el pueblo donde Manuela Beltrán rompió la historia, nos cruzamos con un batallón del Ejército. Los héroes no violan, fue el mensaje que dejamos en sus muros. Nos dijeron que no podíamos escribir eso, les preguntamos si acaso ellos sí podían violar niñas indígenas y campesinas.

El 17 y el 18 de julio estuvimos en Tunja, la ciudad que hace 7 años se vio estremecida por el más fuerte paro campesino de la década. Vicente Ojeda, secretario de gobierno, no nos quería dejar entrar a la ciudad, pero la persistencia y la justeza de nuestro caminar de nuevo se impusieron. El 18 de julio, en la capital boyacense, nos encontramos la Ruta Comunera y la Libertadora, muy a pesar de que la alcaldía nos quiso imponer un toque de queda para impedir el encuentro.

El 19 de julio caminamos hasta el Puente de Boyacá, donde de nuevo la Policía y la seguridad privada intentaron impedir el ingreso de la Marcha por la Dignidad. Es increíble que 210 años después de supuestamente alcanzada la independencia, el territorio nacional, el espacio público y los monumentos históricos sean propiedad privada; con vigilancia privada y solo aptos para visitas exclusivas. Allí ratificamos nuestra propuesta para la vida, los derechos, la soberanía y los territorios.

Finalmente, el 20 de julio llegamos a Bogotá con más de 1.500 kilómetros recorridos entre las tres marchas. Ni Luis Ernesto Gómez, ni Claudia López autorizaron la llegada de la Marcha, y desde la entrada nos recibieron con fuerza disponible y ESMAD. Pero el paso de la Marcha por la Dignidad era imparable y las organizaciones sociales de la ciudad conformaron una delegación que nos acompañó hasta Los Héroes. Y allí terminó nuestra jornada.

Quién

Sebastián Quiroga Pardo
Sebastián Quiroga Pardo
Politólogo de la Universidad Nacional. Vocero Nacional de Cuidad en Movimiento y el Congreso de los Pueblos. Representante legal de La Fogata Editorial. Candidato al Concejo de Bogotá (2019) por el Polo Democrático Alternativo (PDA)

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