Sin el permiso de Fito Páez

La música es una experiencia estética que guarda utopías y despierta deseos profundos que difícilmente logran expresarse en un lenguaje no poético. En este caso es Fito Páez, quien en los 25 años de Rock al Parque, el emblemático festival capitalino, nos invita nuevamente a imaginarnos unas ciudades liberadas.

No pretendo hacer un extenso comentario (porque no soy un estudioso crítico de la circulación artística entre otras cosas) sobre los 25 años de Rock al Parque, ese magnífico festival que persiste gracias a una ciudad que valora la música, que ha hecho una apuesta por el Rock & Roll incluso cuando alcaldes como Peñalosa han querido restarle importancia con la idea, por ejemplo, de fusionarlo con otros festivales.

En esta versión número 25 del famoso festival, Fito Páez abrió su show cantando una canción de su última producción, “La Ciudad Liberada” que bien podría ser dedicada a cualquier ciudad latinoamericana, hundida en la pobreza, la exclusión y la violencia. Quiero, a partir de esta canción, apenas enumerar algunas reflexiones que quedaron sonando en mi cabeza junto a los acordes de las guitarras eléctricas, que con sus bellas distorsiones, siguen denunciando un mundo injusto y la nobleza de luchar por un futuro mejor:

Identificar los problemas

Bogotá como la mayoría de ciudades que han crecido al ritmo de la expansión capitalista, refleja altos niveles de exclusión, de miseria, esos que bien describe el cantante rosarino, un lugar donde “mis hermanos no la pasan bien”, donde el derecho a la vivienda sigue siendo negado y por eso “están buscando un lugar, una casa en donde poder vivir, vivir real, de verdad, un techo donde rezarle a Dios y tomar algo de sol”. Son estas ciudades mal gobernadas en las que “duele tanto un plato de comida, el hambre vive en el estómago” es decir que te mata el hambre o te mata la violencia, es eso de “vivir y morir en la calle”.

Me arriesgo, sin conocer la opinión del cantante argentino, a afirmar que esta letra es un llamado a mirar la realidad social, a observar con atención a nuestro alrededor, a fijarnos en la miseria cotidiana que nos rodea pero que también tiene responsables, esos contra los que hay que pelear.

Pelear contra los enemigos de siempre

No basta con identificar los problemas de nuestras ciudades, además debemos poner en la mira los nombres y los rostros de los responsables. En este sentido, la canción es un llamado a la acción, a la no pasividad, a tomar partido, a acabar con la supuesta neutralidad; es un grito desesperado a “pelear, pelear, es una guerra”, cosa que han entendido bien los poderosos que nos matan con su violencia y su miseria.

Para quienes gustan de las palabras adornadas y dulces de los cantantes que se desentienden de su realidad, poniendo el velo rosa a toda su creación, aquí hay un pare, una posición clara, sin ambigüedad, sin tapujos, enfocando claramente al enemigo; es que hay que “pelear contra los nazis y los fachos de mierda”. En Colombia son los Uribes, los Peñalosas, los Sarmiento Angulo, los Carrasquilla, los Duque, los Santos, y el resto de nombres que ya conocemos. Esos que son “Puro Veneno”, como bien los bautizaron los amigos de la revuelta gráfica en las calles del país.

El amor como motor de la transformación

No nos puede faltar lo que algunos juzgarán de cursilería, pero es que la política, además, requiere siempre de una dosis de ternura y justicia poética para poder ser noble. Así que Fito no deja por fuera, como siempre, la necesidad de hacer énfasis en el amor, ese que desata las potencias transformadoras, ese que motiva a luchar por las cosas bellas de la vida. Invita la canción, “ama, ama, ¿quién te frena?, amar el sol, el cielo, el vino y la primavera”, y es que el amor nunca puede ser a medias, debe ser completo y con pasión, “amándonos salvajemente bajo esta estrella que nos quema”.

Ya lo dijo un sacerdote muy querido hace algo más de medio siglo, que el amor para que sea completo debe ser eficaz, debe transformar las condiciones de vida de quienes nos rodean, de los amigos que no la pasan bien, garantizar a la mayoría de prójimos el pan, el techo, el vestido, el trabajo, en resumen, la vida digna.

Insistir en la utopía, en “la ciudad liberada”

¿Será que Rodolfo Páez se equivocó de época? Eso de soñar con ciudades liberadas nos recuerda los viejos discursos de las guerras de liberación de los países sometidos por el colonialismo y el imperialismo. ¿Hablar de liberación en tiempos de libre mercado, smartphones y centros comerciales? ¿No será anacrónico?

Los niños siguen muriendo de hambre en Bogotá y en el resto del país; los muchachos siguen siendo asesinados por la violencia estructural en los barrios pobres, y entonces habrá que seguir soñando con la ciudad que queremos, la que merecemos quienes construimos con nuestro trabajo la riqueza que luego será mal distribuida.

Yo me uno al coro y canto con Fito como lo hice en los 25 años de Rock al Parque “Quiero vivir en la ciudad liberada, donde el amor explote en todas las plazas. Quiero vivir en la ciudad liberada, donde a los pibes no les metan más balas, una ciudad de sexo desenfrenada, mi ciudad liberada”, mi Bogotá liberada.

¿Se unen a cantar y a luchar conmigo? ¡Vamos a liberar Bogotá, vamos a construir nuestra ciudad liberada!

Quién

Diego Pinto Millán
Diego Pinto Millán
Sociólogo y especialista en Políticas Públicas. Integrante del Comité Ejecutivo Distrital del Polo Democrático Alternativo. Vicepresidente de Jóvenes para Bogotá y excandidato a la Cámara de Representantes por el mismo partido. Además, es integrante de Ciudad en Movimiento y el Congreso de los Pueblos donde desarrolla su militancia social en barrios de la periferia, junto a comunidades de diversa índole, incluyendo sectores cristianos y comunidades eclesiales de base.

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