Operaciones militares del siglo XXI: Estados Unidos contra Venezuela

Las nuevas mascaras de la vieja política intervencionista se siguen ensayando en la región. Venezuela lleva tiempo siendo el blanco predilecto de Donald Trump y, esta vez, la llamada guerra contra las drogas sirve de excusa para escalar sus amenazas. ¿Seguirá gobierno colombiano protegiendo los intereses de Estados Unidos en América Latina? 

Por lo menos desde la década de los 80, Estados Unidos ha usado el discurso antidrogas como una excusa para intervenir en los países latinoamericanos. En este tablero, Colombia ha sido la ficha predilecta para expandir la implementación de esta estrategia a nivel continental.

Un claro ejemplo de esto fue el Plan Colombia, ejecutado entre 2000 y 2013. Con este plan, que realmente hacía parte de la estrategia contrainsurgente, Estados Unidos invirtió miles de millones de dólares en “ayuda militar” y logró un acuerdo de uso y acceso de siete bases militares colombianas, consolidando su presencia en la región.

Hoy, en medio de una terrible pandemia, el gobierno de Donald Trump insiste en lanzar una nueva ofensiva contra Venezuela bajo el amparo de la lucha contra el narcotráfico. El 26 de marzo se presentaron oficialmente cargos por narcotráfico y se ofreció una millonaria recompensa por el presidente Nicolás Maduro y otros funcionarios del gobierno.

Menos de una semana después, Elliott Abrams, el representante especial de Trump para Venezuela, anunció la propuesta de un denominado “Marco Democrático para Venezuela”, compuesto por un gobierno transitorio y nuevas elecciones. A pocas horas de ese anuncio,  Estados Unidos inició un enorme despliegue militar en aguas de los océanos Atlántico y Pacífico, con la supuesta finalidad de reducir el tráfico de drogas. Según el gobierno estadounidense, Maduro planeó con las antiguas FARC llenar de coca a los Estados Unidos.

Estas acciones son la nueva máscara de la vieja política estadounidense. Abrams, por ejemplo, no es otra cosa que un diplomático curtido en el intervencionismo y tristemente reconocido por su protagonismo en la represión militar y la guerra sucia lanzada en los años 80 hacia Centro América. Lo que hoy estamos viviendo hace parte de una llamada “operación militar del siglo XXI”, que básicamente es la actualización de aquellos métodos de intervención otrora usados por el gobierno norteamericano con la excusa, reencauchada, de la lucha contra las drogas.

Por eso no sorprende la nueva táctica del gobierno Trump para derrocar a Maduro. Lo que sí resulta indignante, por su grado de mezquindad, es que el gobierno gringo espere que la pandemia profundice la crisis en Venezuela y marque un nuevo “punto de inflexión” en la lucha por imponer un gobierno favorable a sus intereses. El bloqueo, la fuerte crisis económica y el Covid-19 serán aprovechados por Trump para controlar el país hermano y apropiarse de los recursos que hay en su territorio.

De cara a las siguientes elecciones, y en medio de la peor crisis sanitaria y de salud de las últimas décadas, el gobierno de Estados Unidos encuentra de nuevo en el narcotráfico la excusa para invadir un país del sur global y perseguir a quien no se pliegue a sus deseos.

El gobierno colombiano, como de costumbre, ha actuado torpe y erráticamente frente a este tema. Primero, el Ministerio de Defensa respaldó la operación estadounidense en contra del narcotráfico, y luego, ante las denuncias de miles de voces por prestar al país para una acción militar, el mismo Ministerio negó tal apoyo. Sin duda permitir una invasión militar a pocos kilómetros del territorio nacional es mucho más que una mala idea y, en medio de la actual crisis, resultaría en una catástrofe imperdonable. Esperemos que el gobierno nacional no haga gala de las pésimas decisiones a las que nos tiene tan acostumbrados y cese su complicidad con el intervencionismo. Nunca es tiempo para la guerra, menos ahora.

Quién

Sebastián Quiroga Pardo
Sebastián Quiroga Pardo
Politólogo de la Universidad Nacional. Vocero Nacional de Cuidad en Movimiento y el Congreso de los Pueblos. Representante legal de La Fogata Editorial. Candidato al Concejo de Bogotá (2019) por el Polo Democrático Alternativo (PDA)

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