La utopía de Jesús es ser fermento de justicia e igualdad: Mensaje a los católicos

Jesús fue un utópico, un predicador de la lucha de los oprimidos contra los opresores. Su asesinato, sin embargo, frustró temporalmente el proyecto del Reino. ¿Habrá voluntad para “hacer la voluntad”? ¿Qué significa entonces seguir a Jesús hoy? Escribe Fray Guillermo de la Curz. 

Por: Fray Guillermo de la Cruz*. El tema central de la predicación de Jesús fue el Reino de Dios. Esa fue su pasión. Él no lo explicó en detalle, pues ya todos los oyentes de la época sabían en qué consistía: ante todo, fe en el Dios que escuchó el clamor de los oprimidos y los sacó de la esclavitud de Egipto. Pero esa fe debe asumir la forma de una lucha por una sociedad igualitaria y fraterna en oposición al sistema opresor de reyes y faraones; implica declarar la tierra como posesión de Dios, lo cual supone que no puede ser vendida ni comprada, solamente usada para garantizar una vida digna. Si alguna familia aumentaba su lote y creaba un latifundio con perjuicio de otras familias, mediante el Año de Gracia o Ley del Jubileo, las propiedades enajenadas debían volver a sus antiguos dueños, y evitar así la excesiva acumulación; las deudas debían anularse y debería, adicionalmente, descentralizarse el poder para decidir comunitariamente el rumbo del pueblo. Este fue el proyecto comunitario de igualdad practicado durante poco más de 200 años por el pueblo de Dios al llegar a la Tierra Prometida, mil años antes de Cristo. Nada era de nadie y todo era de todos.

Este proyecto fue retomado por Jesús en la sinagoga de Nazareth, donde proclamó el inicio de un nuevo Año de Gracia como punto de partida para un cambio urgente en el país, dada la gran diferencia que había entre ricos y pobres.  

El asesinato de Jesús frustró temporalmente la implementación del proyecto. Una vez resucitado, encargó a sus discípulos y a los discípulos de todas las épocas, proseguir con su causa. De los primeros cristianos se dice: “Todos vivían muy unidos, nadie consideraba como suyo lo que poseía, repartían todo cuanto tenían empezando por los más necesitados, no había pobres entre ellos, todos tenían un solo corazón y una sola alma y gozaban de la simpatía de todo el pueblo”. Perversas ideologías, sistemas económicos y modelos de desarrollo hicieron trizas el anhelo de Jesús, daño del cual no está exenta de responsabilidad la misma Iglesia.

En consecuencia, quienes hemos hecho una opción libre y consciente por Jesucristo y su sueño, debemos ser fermento de justicia e igualdad dentro de la gran masa social asimétrica en la que vivimos, para transformarla en el Reino deseado por Jesús. Para que eso sea posible y creíble y así “gocemos de la simpatía de todo el pueblo” tenemos que dar el Primer Paso, tal como nos lo solicitó el Papa Francisco, empezando por nosotros mismos.

En la actualidad estamos muy lejos de la utopía de Jesús: hay católicos estratos bajo cero y católicos estrato ochenta. Desiguales entramos al templo para celebrar la Eucaristía, el sacramento de la unidad, y desiguales salimos.

Nuestros Jerarcas deben liderar una iniciativa para que en la misma mesa nos sentemos clérigos con católicos convencidos y comprometidos del mundo de las multinacionales, de las finanzas, del empresariado, de la ganadería, de la tenencia de la tierra, de la política; junto con católicos igualmente comprometidos de los barrios populares, de las organizaciones comunitarias, cívicas, sindicales, de derechos humanos y de las diversas etnias, y todo con el fin de definir qué es ser hoy católico en esta sociedad y cómo podemos revivir, de puertas para adentro primero, la utopía de Jesús, el Año de Gracia del Señor.

¿Habrá voluntad evangélica para ello?

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* Fray Guillermo de la Cruz sacerdote de la Orden de Carmelitas Descalzos.

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